Pandiani: «Veo todos los partidos del Deportivo y termino recaliente»

El uruguayo, que entrena en Emiratos, se reconoce preocupado por su exequipo


En Emiratos Árabes hay un corazón que sangra por el Deportivo. Rifle Pandiani, leyenda blanquiazul, llegó en septiembre pasado como director de cantera y entrenador sub-20 del Dibba Al-Hisn, y desde diciembre prepara al primer equipo, al que ha impuesto el sello competitivo que él mismo define como «la marca Pandiani». Pero ni a más de 6.000 kilómetros se pierde un solo partido del club en el que hizo historia.

—¿Qué opina de la situación del Deportivo?

—Veo todos los partidos y termino recaliente. Hoy juega el Celta B [la entrevista se llevó a cabo el pasado miércoles] y ojalá haya un empate para los intereses del Dépor. Porque después del Pontevedra, si le ganas, te vas a enfrentar a él y, si vuelves a ganar, llegas a la última jornada peleando por su plaza. Un empate hoy, que el Racing no sume tampoco, le ganas al Celta B y llegas a la última jornada jugándote todo con el Zamora. Son partidos importantes, partidos lindos de jugar.

—El club se encuentra en la peor situación clasificatoria de su historia y tiene muy complicado jugar por el ascenso, ¿se atrevería a volver a donde fue ídolo y protagonista de remontadas históricas?

—Yo no me postulo a nada. Estoy trabajando acá, pero siempre estoy abierto a hablar con el Deportivo para lo que me necesite. Soy director deportivo y entrenador. Y estoy preocupado por la situación del Deportivo. Ahora vienen tres partidos claves y hay que ganarlos. Los tres. Pero primero hay que bajar al barro y competir. Hace falta que los jugadores estén comprometidos. El que tiene calidad también tiene que currar, porque la Segunda B es muy complicada y todos los rivales le quieren ganar al Dépor.

—¿Ha hablado con Fran o con alguno de sus excompañeros de entonces preocupado por la crítica situación del equipo?

—No, porque parece que si llamas a alguien, es porque te quisieras meter en algún lugar. Comento con amigos y con gente que conozco de A Coruña.

—¿Qué sabían del Rifle en Dubái?

—Los jugadores te conocen todos. Sobre todo se acuerdan del Dépor por los partidos de la Champions. Más del partido del Milan que el del París Saint Germain, aunque fui más protagonista en este. Un día veníamos en el autobús y lo vieron en los teléfonos. Venían, me miraban y me decían: «Mira esto, mira aquello». A mí me daba la risa. Todos los pibes pasándose los teléfonos en el autobús. Estoy muy contento acá con ellos. Les hemos hecho crecer muchísimo.

—¿Está progresando mucho el fútbol de aquellos países?

—Sí, cuando viene gente de fuera llega con una filosofía diferente, y los jugadores conocen cosas nuevas. Acá no jugaban así, le pegaban para arriba y nada más. Sobre todo les enseñamos a competir, tiene que notarse que el equipo es mío, es la marca Pandiani, tienen que currar. Yo evidentemente estoy empapado del fútbol moderno, me gusta tener el balón y trabajo mucho esa faceta. Solo con garra y corazón no se ganan los partidos, pero tiene que ser una base importante para ganar. Competir a tope. Entrenamos muy intensamente y están todos muy involucrados.

«Les prohibí a los jugadores estar con el teléfono»

Pandiani, que en el Deportivo demostró ser un extraordinario goleador de garra, también tiene una filosofía muy clara como entrenador.

—¿Los vestuarios, las relaciones o la forma de pensar de los futbolistas han cambiado mucho desde que usted jugaba en el Deportivo?

—Las redes sociales han apagado un poco la llama, por así decir. Yo antes llegaba al vestuario a tomar mate con Scaloni, Duscher, Munúa, Turu,… Y charlábamos, o hablábamos del partido. Ahora los jugadores llegan y se meten en su taquilla mirando Instagram o Twitter, pendientes de si se sacan la foto o el selfi antes de salir al entrenamiento, y están todo el rato así. Las redes sociales han cambiado mucho las cosas. Yo acá prohibí a los jugadores en las cenas del equipo estar con el teléfono. Eso también es profesionalidad: hablar con el compañero y que se conozcan. Si no, están en el vestuario con el teléfono, en el autobús con el teléfono,... No puede ser. Les he cortado algunas cosas para intentar hacer más grupo. Es necesario hablar con el de al lado. Yo soy partidario de que cuando te bajas del coche y llegas al entrenamiento el teléfono no puede existir más. Solo para una urgencia. Hay que hablar con los compañeros, porque hay muchas cosas que arreglar, compartir o conversar sobre el entrenamiento y el partido. Conmigo las cosas cambian, como entrenador o como director deportivo. Me parece muy necesario.

—Se le está poniendo el carácter de Irureta. ¿Le da la razón ahora en muchas cosas de cuando estuvo a sus órdenes?

—En algunas seguro que sí. Ahora que estoy del otro lado, muchas cosas las ves de otra manera. Pero no ahora, ya en el final de mi carrera, en mis tres o cuatro últimos años como jugador, ya era entrenador, ya las veía como él, ya las entendía de otra manera. Antes uno quiere jugar siempre y mira más para uno que para el equipo. Pero, a cuenta de que pasa el tiempo, ya entiendes que a lo mejor hay partidos que no puedes jugar, que tiene que poner a otro. Y entiendes que hay que lidiar con 25 futbolistas y que estén todos contentos. Es complicado. Con lo que sigo sin estar de acuerdo, ni antes ni ahora, es con las injusticias, con no ir de frente, con no hablar con el jugador cara a cara y no decirle lo que piensas o pretendes de él. Con eso no voy, porque me ha pasado a mí y yo siempre dije: «Así no voy a ser yo. Yo voy a ser frontal. Quiero que se enteren por mí, no por otro». Y eso va a misa. Siempre que se es frontal, el jugador te lo va a agradecer. No solo en las buenas, también en las malas. Si hay algún problema, hablamos y yo digo: «Quiero esto de ti». No espero a que te cabrees y miro para otro lado. Hay que darle herramientas al jugador para que mejore y sea un buen futbolista.

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