La impotencia, gota a gota

El Dépor volvió a ser inconsistente línea por línea, vulnerable a cualquier revés


Guardiola confesó que piensa en Cruyff. «Cuando dudo», dijo una vez el catalán, admitiendo tener momentos de zozobra y un referente al que acudir. Es razonable contar con un genio de cabecera en el imaginario para desenmarañar cualquier situación. A Rubén de la Barrera, por ejemplo, le habría venido al pelo ponerse en las botas de un predecesor. Concretamente las de quien fue quizá la cumbre del esperpento blanquiazul, cuando todavía quedaba mucha pendiente por la que caer. Recurrir a otro holandés como fuente de inspiración. ¿Qué habría hecho Seedorf tras el gol?

En su breve e impactante paso por A Coruña, el entrenador dejó varios mensajes indescifrables ocultos tras una sonrisa llena de dientes en sala de prensa, diversas charlas motivacionales a cargo de antiguos compañeros del Real Madrid y una extrapolación ventajosa del baloncesto al balompié. Seedorf, sin duda, habría pedido un tiempo muerto tras encajar. Como el que pidió cuando le expulsaron a Koval. Y a diferencia de Seedorf, quizá De la Barrera habría sabido qué hacer durante la interrupción.

El actual técnico blanquiazul tiene crédito ganado como agitador. Entre antiguos jugadores a su servicio y técnicos que ejercieron a su alrededor, varios citan momentos de iluminación en los que una charla, un par de instrucciones o un par de movimientos en el once, bien explicados, pusieron de cara un encuentro con mal aspecto. En Ferrol habría hecho falta algo así. Pero cuando el Dépor se encontró mal, el intermedio se había consumido, no quedaban pausas reglamentarias y ya solo fue a peor.

Tampoco había sido un prodigio de equipo antes del 1-0, pero quedaba el alivio del quizá. Una acción a balón parado, un pase profundo de Villares, una cabalgada de Héctor, un error favorable del colegiado, para variar... Nada, en cualquier caso, que tuviera que sostenerse en una combinación múltiple o una presencia numerosa en zona de remate. De eso apenas hay registros hace tiempo. Ahora se extraña además la solidez; también estructural. Arrancando desde atrás.

Lo que se ganó con Lucho es más obvio cuando toca empezar. El desplazamiento de balón del colombiano, en corto y en largo, mejora con creces al de Abad. El meta canario, sin embargo, gana a su compañero en cuanto a dominio de espacios, transmite seguridad frente a los centros laterales que menudearon en ciertos momentos ante el Racing. En esa respuesta a las internadas por banda tuvo también su lunar Héctor, entregando muchos metros a su espalda y cerrando mal en el tanto local. La acción retrató a varios. Borja Granero erró al medir y al despejar; Rayco no llegó a la marca del último rematador.

El costado izquierdo fue el pasillo más transitado por los ferrolanos, bien sellado el derecho entre Bóveda y Mujaid. Esta vez el dibujo no favoreció las vigilancias de Borges, mucho más próximo a Uche que hace una semana en Riazor. El nigeriano tampoco se dejó ver en campo ajeno, como ante el Guijuelo. Villares fue el único que actuó a otra altura, pero ni Raí ni Rayco le ofrecieron referencias por delante. Lara ni existió. Los cambios apenas produjeron bullicio desaliñado a cargo de Galán, la alternativa de Keko como ejecutor de la estrategia y un nuevo balón franco mal empleado por Beauvue.

No alteraron el bloqueo de un conjunto vulnerable al menor rasguño. El Racing hurgó en la flaqueza que conocía su técnico. Cristóbal la probó en Primera. Seedorf llegó después.

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