El vicio de las trampas al solitario


Es posible que Fernando Vázquez esté pensando en estos momentos que era injusto pedirle a él juego, cuando ahora todo el mundo se conforma solo con los puntos. Pero es la necesidad la que genera complacencia, más allá de que un estilo pueda gustar más que otro.

El Dépor de principio de temporada era un conjunto que estaba obligado a jugar y a ganar. Sobre el papel, el máximo favorito de su grupo. Y como tal se le exigía. Antes del duelo contra el Guijuelo, aunque siguiera teniendo una plantilla muy por encima de la de sus rivales, arrastraba una losa de muchas semanas sin ganar y sin marcar. Un lastre que necesitaba soltar.

No fue el mejor partido de la temporada. No estuvo ni cerca del choque contra el Unionistas (0-0), aunque esta vez sí se fallaron clarísimas ocasiones, algo que ha de considerarse entre lo positivo. Y, en definitiva, el equipo consiguió reencontrarse con el gol y sumar los tres puntos. En estos momentos, es lo único que importa, porque el peligro de un nuevo descenso está ahí y hay que evitarlo como sea.

Para lograr el primer triunfo de su etapa, De la Barrera apostó por un once revolucionario. Cambió el portero, dio entrada a futbolistas no habituales y concedió la titularidad a los recién llegados Rayco y Villares. Una agitación del árbol, que diría Víctor Fernández, que quizá no tenga más lectura que el verse casi hundido. Puede interpretarse también como un ataque de entrenador. Pero, en cualquier caso, obtuvo el efecto deseado y demostró valentía y falta absoluta de cualquier tipo de complejo.

El coruñés está demostrando que su juventud, lejos de ser un hándicap, va a ser una ayuda por el descaro que le proporciona. Sabe que, más allá de la categoría en la que esté, entrenar al Dépor es un escaparate único. Y quiere aprovechar esta oportunidad.

Con su oratoria, entre el koruño y el rococó, pero, principalmente, con su día a día en los entrenamientos, ha conseguido convencer a la plantilla de cuál es el camino a seguir. Por eso, el triunfo frente al Guijuelo, aun carente de florituras, ha de ser valorado más allá de los tres puntos.

Una victoria que solo valdrá si se refrenda en A Malata con otros tres puntos. Otro resultado será recaer, de nuevo, en ese absurdo vicio que tanto daño ha hecho últimamente al Deportivo de hacerse trampas al solitario, autoconvenciéndose de que todo tiene arreglo y nunca es el fin.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
13 votos
Comentarios

El vicio de las trampas al solitario