Del triste epílogo a la crisis del Deportivo

Fernando Vázquez sigue sin sacar rendimiento a un equipo en el que se acabaron las excusas

Rui Costa se escapa de un rival en un lance del partido de Zamora
Rui Costa se escapa de un rival en un lance del partido de Zamora

El Dépor ha alcanzado el ecuador liguero avanzando como un funambulista por el fino alambre que separa el triste epílogo a estas nueve jornadas disputadas y la primera crisis deportiva de la era Fernando Vidal. La mejoría que no fue, el rendimiento que no llegó y la reacción que se olvidó se juntaron en Zamora, donde el equipo coruñés concitó todos sus defectos hasta desplegar un museo de los horrores de su peor fútbol de la temporada.

Sin idea clara de juego, ni solvencia defensiva, ni rastro alguno de intención en ataque, el Deportivo deambuló por el helado césped zamorano siempre a rebufo de un adversario que lo maniató en ataque, le impuso el cansino ritmo que le convino y hasta disfrutó de un buen puñado de ocasiones. Apenas exigió al portero local, el zimbabuense Mapisa, que se volvió a casa con más apuro por el resbalón que se dio al sacar de meta con la mano en un lance de la primera parte, que por el trabajo al que su laureado adversario le exigió.

La bochornosa derrota contra el Celta B retiró el velo que cubría el decepcionante juego del Deportivo, basado hasta entonces en la optimización máxima de cada gol marcado. Aquel de Galán, que supuso el empate momentáneo contra el filial vigués, y el de Héctor Hernández al El Ejido en la Copa (anterior a los dos goles anulados al rival y un penalti no pitado en contra) han llevado a casi 260 minutos sin traspasar la portería rival en una alarmante sequía de ocasiones y acierto que anoche encontró nuevas excusas.

Durante varias evasivas en esta primera vuelta, Fernando Vázquez ya se ha referido a la baja forma en que llegaron sus futbolistas a la pretemporada, el mal momento de la cantera blanquiazul, o el mes de retraso de Rolan y su incierto futuro. También dijo que el derbi era un partido más, ha culpado del mal juego de sus futbolistas en el campo a un exceso de responsabilidad y, antes de viajar a Zamora, subrayó la plaga de lesiones que asola su vestuario o el temporal de nieve. En cambio, pasó de puntillas por las cinco jornadas de nueve que, incluida la de ayer, dejó de sentarse en su banquillo por culpa de las sanciones que ha ido acumulando. Por más que los jugadores no hayan encontrado a su entrenador en la banda la mayoría de las veces que han mirado hacia allí, este funesto epílogo de la primera vuelta, o la crisis en que el Deportivo está inmerso, llevan su firma.

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