El 2020 del Dépor termina en cuesta

Dos choques frente a otros favoritos a la fase de ascenso y el peculiar duelo con el Celta B se suman a la cita copera antes de cerrar otro año para el olvido


Trece encuentros al menos sobre césped natural. El Dépor ha consumido rápido los campos menos propicios, salvando en la quinta jornada la trampa del Luis Ramos. «Ha sido un partido de squash», denunciaba a duelo pasado uno de los futbolistas blanquiazules que habían transitado la hierba sintética del Guijuelo. «Que cuenten lo que quieran, pero si no estás acostumbrado es muy difícil jugar así; el primer toque solo te sirve para detener el balón, y enseguida hay un rival encima», recalcaba a micro cerrado el jugador, sin necesidad de justificar el triste espectáculo ofrecido. El atenuante del firme se ha desvanecido, al menos hasta la siguiente fase, en la que podrían coincidir conjuntos como el Laredo, que también se emplean sobre tapete industrial. Tampoco resiste ya la disculpa del rodaje. El mes y medio transcurrido entre el enfrentamiento con el Salamanca y el del próximo domingo en Riazor es un tiempo respetable para disimular los inconvenientes de la planificación tardía, arrastrando la incertidumbre generada por el esperpéntico caso Fuenlabrada. No se han registrado mientras tanto lesiones de largo alcance y hasta se han puesto en orden los papeles de Rolan. Fernando Vázquez ha probado con uno y dos puntas; con dos centrales y con tres. Ha montado un equipo sólido y solidario, y ha acusado recibo de las deficiencias en el remate y la transición.

El escenario está montado para ver al Dépor crecer en el juego, más allá del marcador. Once puntos son un respaldo contundente ahora que arranca la última cuesta de un 2020 para olvidar. Inaugurado en forma de espectacular reacción, frustrada luego de manera irregular, y desarrollado en torno a un estadio vacío en una categoría a la que el conjunto coruñés llevaba cuarenta años sin pertenecer.

Racing de Ferrol, Pontevedra y Celta B configuran —duelo copero, al margen— un tramo decisivo para las aspiraciones blanquiazules. Los dos primeros parecen, tanto por plantilla como por situación en la tabla, los grandes rivales del grupo en la pelea por ascender. El tercero brindará el choque de mayor morbo.

Tres derbis consecutivos en los que medir fuerzas y perfilar expectativas; todos sobre un terreno teóricamente favorable al fútbol combinativo que Vázquez solo quiso saltarse aposta en Guijuelo. Allí reclamó a los suyos emplear el juego directo y el reagrupamiento en torno al balón como remedio a las dificultades para mover el cuero a ras de suelo con precisión. Borja Granero ejerció de elemento clave en las transiciones ofensivas, aunque sus dotes para el desplazamiento en largo no bastaron para dejar a sus compañeros en ventaja.

Dos rivales con gol

El plan cambiará el próximo domingo en busca de la iniciativa que se le presupone al favorito en su casa, y que no ostentó frente al Coruxo. La baja de Miku, sumada al mal momento de forma de Rui Costa y Diego Rolan, disparan las posibilidades de retomar el 4-2-3-1, que añade alternativas a Borges y Uche en la elaboración. Los ferrolanos, a tres puntos del Dépor, han estado mucho más finos a domicilio que en A Malata, y han logrado sus dos victorias en condición de visitante. La zaga blanquiazul, principal argumento del coliderato, pasará una nueva prueba frente a un adversario que ha anotado al menos un gol en todos sus encuentros.

El Racing comparte la condición de máximo anotador del grupo con el Pontevedra, siguiente rival de los coruñeses en un cierre de 2020 idóneo para exhibir la necesaria progresión.

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