Preocupación por la falta de intenciones


El partido de Guijuelo ha permitido comprobar el desequilibrio entre la fase de ataque y de defensa del Deportivo. El equipo coruñés lleva un solo gol encajado en cinco jornadas, que es un dato fantástico, pero eso no debería estar reñido con restar al bagaje ofensivo. Ni la creación de juego ni la finalización están a la altura, ni de lejos, de la fase defensiva de este equipo. Hay un claro desequilibrio. Con el 0-0 el Dépor se maneja bien, pero cuando por circunstancias en algún partido se ponga por detrás en el marcador, ¿qué va a suceder? La sensación es que no hay argumentos ofensivos, más allá de alguna jugada aislada que se pueda resolver por talento individual, porque el fútbol ofensivo colectivo que hasta ahora hemos visto sería insuficiente para resolver la papeleta.

Este aspecto del juego deportivista pasa factura a algunos futbolistas en especial. Los delanteros se encuentran muy aislados y muy lejos de sus compañeros. Todo son envíos muy largos y poco precisos, lo que da ventaja a sus marcadores y les hace pasar inadvertidos muchos minutos. También castiga esta situación a Borges, que, como está acompañado de Uche, su participación defensiva no resulta tan imprescindible, pero tampoco tiene continuidad con el balón en la fase ofensiva. Es decir, que el equipo no rinda en ataque hace que valoremos de forma injusta a algunos jugadores a título individual.

Puede valerle al Dépor esta solvencia contra cualquier rival de la categoría, incluso contra ese Pontevedra colíder, porque al final puede lograr que el adversario se descosa pensando que puede hacer daño, y deje espacios por los que brille la calidad individual blanquiazul. No sé si esta es buena o mala noticia, pero podría valer, siempre que no perdamos de vista que solo un gol encajado en cinco partidos es un gran dato.

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