Las dos caras del Dépor: serio defensa, paupérrimo delantero

Sus virtudes y defectos de este arranque liguero volvieron a quedar patentes en Guijuelo, donde el equipo coruñés tiró de oficio, pero apenas se acercó a la portería local

Claudio Beauvue, en un lance del partido
Claudio Beauvue, en un lance del partido

El Guijuelo tampoco hizo temblar al Deportivo, que volvió a tirar de oficio, seriedad y fortaleza defensiva para solventar sin alharacas, y como si de un trámite se tratase, un partido señalado como trampa en el calendario por las condiciones de un césped artificial y que parecía más reducido de lo que las dimensiones oficiales dicen. El Deportivo sigue respaldado por sus cifras, que hablan de un equipo de ascenso, justo la exigencia planteada a principio de curso. Los once puntos de quince en el casillero encuentran su auténtica razón de ser en que el equipo entrenado por Fernando Vázquez apenas ha encajado un solo gol en cinco jornadas. Ni uno ni otro dato resultan insignificantes, especialmente en esta temporada en que el objetivo único pasa por el retorno a la élite. Bienvenido sea el éxito, pero resultaría de necios olvidarse del respaldo del buen fútbol precisamente en una campaña en la que ni plantilla ni proyecto se han confeccionado de forma cicatera en este aspecto.

Nadie está disfrutando el camino, y este se ha convertido en el principal defecto de este Deportivo. En medio de una pandemia y mil restricciones, el equipo blanquiazul encuentra argumentos para limitar el fútbol a sus seguidores, que tampoco es que lo hubieran paladeado mucho en los últimos tiempos. Vázquez y sus muchachos volvieron a dejar para otro día claves como el dominio de la pelota, la superioridad en ataque o aquello de la avalancha de ocasiones sobre la portería rival. Vuelvan ustedes mañana, parecieron pedir a sus abnegados aficionados que, eso sí, siguen contemplándolos orgullosos desde la cima de la clasificación.

El cóctel que compone el fútbol de los triunfadores en Segunda B se compone en buena medida de un aprovechamiento óptimo de los errores que comete el adversario, junto a algunos chorros de acierto propio y hasta unos cubitos de iniciativa. Todo brota desde la seriedad para defender la propia portería, y ahí es donde el Deportivo apenas encuentra comparación en los 35 días que la competición ha quemado. Así han jugado y juegan otros que también presumen de cumplir las expectativas. Entre los 102 equipos de la categoría, únicamente los coruñeses, el Ibiza, el Calahorra, el Villanovense y el Hércules de Carmelo del Pozo marchan en posiciones de fase de ascenso por la senda de un solo gol encajado. Todos miran a la propia portería. El cementerio está lleno de valientes.

 

La aparición de Bergantiños blindó la zaga con una línea de tres centrales

Vázquez cambió de inicio el sistema de las primeras jornadas y no esperó al descanso para volver a retocarlo. El 4-1-4-1 que guio al Dépor hasta el descanso liguero dejó paso a ser un 4-4-2 con doble referencia de ataque que aventuraba un mayor interés por manejar la pelota y buscar la portería contraria. Todo se diluyó en 40 minutos, el tiempo que el entrenador tardó en tirar la pizarra a la basura y parapetar sus buenos números defensivos detrás de una línea de tres centrales, ya con Álex Bergantiños en el terreno de juego. La modificación no respondió a algún problema de Beauvue, que fue el sacrificado, ni a un extraordinario aluvión de ocasiones locales, siempre despachadas al alimón por ese triángulo de espléndido rendimiento conformado por Abad, Mujaid y Granero. La variante de Vázquez dejó la iniciativa al Guijuelo, al tiempo que fio el gol blanquiazul a que el trabajo de Keko o Galán (este al final sustituido por Lara) para apoyar a los mediocentros les permitiese alguna salida al contragolpe. Nada de esto ocurrió y, por eso, el ataque blanquiazul pasó inadvertido.

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