Bienvenidos al barro


Fernando Vázquez dice que el Deportivo (y por extensión el deportivismo) vive esta temporada «una urgencia histórica». Santo Dios. Toda la angustia, todos los sufrimientos recientes y esa sensación de que al club se le iba la vida en cada final de temporada —una segunda vuelta entera en Primera sin ganar, salvaciones en el último momento, recurrir a Seedorf, Son Moix—, resulta que no eran urgencias. Eran solo la sala de espera.

La generación que vio al Deportivo ganar títulos resetea. A las bravas, sin tiempo para el «inicio-reiniciar». Desde hoy, Marbella ya no es un recuerdo noventero estampado en la camiseta del Atlético de Madrid, Marbella es ahora un rival. Y poderoso.

Aterrizar en Segunda B es, necesariamente, un aterrizaje forzoso. O eso dicen los supervivientes con buena memoria de la anterior tragedia, hace 40 años. El calendario ha desplegado las rampas de emergencia y la bajada a tierra será medianamente suave gracias al Salamanca o el Compostela, dos equipos que, aunque refundados, conservan sus símbolos y con ellos cierto aroma a la gloria de Primera. Ya habrá tiempo para pensar en el Coruxo o el Celta B, que prenderán fuego al fuselaje.

Vázquez explica que el Deportivo no va a ganar todos los partidos. Tiene razón, el Dépor va a perder seguro. No se descarta que sea en Guijuelo o ante el Celta B. Igual que no es descartable que hoy Uxío, un descarte de un Fabril de otra época, vea portería. Bien. En urgencias no hay tiempo para lamentos. Triaje y bisturí. Más de 20.000 personas solo piden que, por un año, las cosas se hagan bien de principio a fin.

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