Celso Borges, tres temporadas más una en el Deportivo

El centrocampista costarricense jugará hasta la campaña 2022-2023 en el Dépor, con otra opcional para el club, en el que tendrá un puesto tras retirarse


Llega tarde Celso. A su pasado le sobran temporadas para sostener la condición de futbolista de un solo club. Él, sin embargo, no restaría ninguna, salvo esas más recientes que padeció en Turquía, donde la aventura se torció casi enseguida. La experiencia acumulada es un punto a favor en su empeño de retornar al equipo en el que quiere concluir su carrera, todavía con varios cursos por delante, y a la ciudad en la que pretende asentarse tras colgar las botas.

A Coruña, y el Dépor, como segundo hogar. Una institución sometida a un período de constantes turbulencias, durante las que el tico ha sido uno de los pocos jugadores capaces de poner de acuerdo a cuantos han tenido contacto con él. Respetado por sus compañeros de vestuario, todos los técnicos le dieron carrete en Primera y Natxo lo convirtió en objetivo prioritario cuando asumió el banquillo blanquiazul. Entonces, Carmelo del Pozo elogió la actitud del futbolista, que forzó al Göztepe a realizar un desembolso que no figuraba en su contrato para dejar al menos algo de dinero antes de salir. Ahí reside otro de los méritos de Borges: en el casi exclusivo consenso entre los dos últimos ocupantes de la dirección deportiva.

Tanto, que Richard Barral, artífice de la primera etapa coruñesa del costarricense, ha logrado volverlo a contratar para convertirlo en referente de su nuevo proyecto. El fichaje es además una declaración de intenciones sobre la envergadura de la apuesta blanquiazul. La lógica pretensión de ser cabeza de ratón en esta categoría por la que el Dépor llevaba cuarenta años sin pasar se acompaña del interés por formar un plantel rico en experiencia. Habrá que bregar en campos complicados, defendiendo siempre la condición de favorito, y facilitar la aclimatación del nutrido grupo de canteranos con el que trabajará (y ya trabaja) Fernando Vázquez. En ambos aspectos, la contratación del tico es un plus.

Entre tanta ventaja, el único pero se concentraba en la ficha a percibir por el futbolista, que decidió hace menos de un mes descolgarse de su millonario contrato en Turquía y tenía ofertas de mucha mayor cuantía que la que puede alcanzar el club coruñés. Ahí no solo ha jugado un factor clave el vínculo sentimental; el tiempo también ha tenido mucho que ver. Celso Borges vestirá la blanquiazul hasta junio del 2023 -o cuando sea que concluya esa campaña, ahora que establecer fechas se ha vuelto tan complicado- y el Deportivo tendrá la posibilidad de ampliar el contrato un curso más de manera unilateral, dependiendo de las prestaciones del jugador.

Aparte, siguiendo un modelo similar al de Álex Bergantiños, la entidad y la persona seguirán ligadas unos años más cuando el costarricense abandone el césped, en un puesto que todavía deberá ser definido.

Todas las condiciones están pactadas desde hace varios días (antes incluso de que se conociera la decisión del CSD e independientemente de lo que suceda con la vía judicial) y solo un obstáculo ha retrasado la firma: la condición de extranjero del futbolista.

Falta resolver papeleo

Así, para que la firma se produzca, es preciso resolver trámites burocráticos que no son atendidos con la misma celeridad que en las divisiones propias de la competición profesional. Una vez se completen, Borges se desplazará hasta A Coruña para pasar la revisión médica, firmar y establecerse en un club y una ciudad a los que se quiere ligar.

El Dépor, de la alfombra al barro

L. Balado
Francis ataja un centro en el Guijuelo-Fabril
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Entrenadores y jugadores que han alternado entre Segunda y Segunda B ven en la dureza de los terrenos de juego el gran factor diferencial entre categorías

El ritmo, la intensidad, la calidad técnica de los jugadores, las planificaciones, los espacios... Pero por encima de todo, los campos. Esa es la gran diferencia que establecen entre la categoría de bronce y la de plata aquellos que han pasado por ambas. Barrizales en Asturias, céspedes sintéticos de los que dejan souvenirs en las rodillas, ratoneras delineadas con cal, gélidos estadios castellanos... El Deportivo va a la guerra en el curso 2020-2021.

«No es lo mismo jugar en La Romareda que en el campo del Guijuelo. Creo que es uno de los peores: artificial, siempre me ha coincidido en enero o diciembre con mucho frío, un campo abierto, con mucho viento, vallas a los lados». El que habla de manera tan gráfica es Ian Mackay. El canterano del Deportivo regresa este año a Segunda División tras lograr el ascenso con el Sabadell, pero conoce de sobra lo que se cuece en el fútbol no profesional: «Para los que están acostumbrados a jugar en Primera o Segunda, habituarse a eso es complicado. Por eso pasan las sorpresas que pasan en la Copa del Rey».

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