Alfonso Serrano en el corte y confección del nuevo Dépor

TORRE DE MARATHÓN

RC Deportivo

Excompañeros durante su etapa de futbolista y en los despachos elogian al nuevo secretario técnico, «gran conocedor del mercado»

29 ago 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Año 1992. Meho Kodro, aquel goleador bosnio de la Real Sociedad largo como un día sin pan que llegó a ser jugador del Barcelona, aguó el debut de Alfonso Serrano (Valladolid, 1970) en la élite. Jugó los 90 minutos en un 1-0 en Atocha con triunfo de los locales ante el Valladolid de Caminero, Engonga y los colombianos. Tras aquel bautismo, llegarían otros ocho partidos, todos ellos como titular. Y ya. Nueve encuentros en Primera División son el acumulado de la carrera de la nueva mano derecha de Barral. El resto de su trayectoria, repartida entre Segunda y Segunda B, la invirtió mayoritariamente en el Numancia.

Dieciocho años y cinco meses después de aquel debut, el pucelano estampaba ayer su firma como nuevo secretario técnico del Deportivo. Un desconocido para la parroquia blanquiazul que llega avalado por su conocimiento del mercado y su trabajo (en distintos roles) de las parcelas deportivas del Numancia, Valladolid, Valencia, Tenerife, Recreativo de Huelva o Málaga y que se incorpora al área deportiva del club coruñés tras finalizar a las bravas su última etapa profesional como director deportivo el Córdoba en Segunda B, Una entidad con ínfulas de ascenso el curso pasado pero que comenzó una deriva institucional antes de que acabase siquiera el mercado veraniego. Aquello condicionó los fichajes. Serrano firmó lo que pudo y no lo que quiso, pero lo peor vino después. Venta del club, meses de impagos, la policía judicial en las oficinas, nuevos propietarios llegados desde Baréin... Salió escarmentado de la entidad franjiverde.

Serrano inicia en A Coruña una nueva etapa, menos expuesto desde el parapeto de la secretaría deportiva y no de la dirección.

Del campo a los despachos

Ser centrocampista de carrera marca una forma de entender el fútbol. También después de colgar las botas. Pazolo, exdelantero del Racing de Ferrol en Segunda, coincidió con Alfonso Serrano en la temporada que ambos compartieron en el Leganés en la categoría de plata. El gallego en el ocaso de su carrera; el vallisoletano en el albor de la suya, cedido en un club en el que labrarse una trayectoria lejos del José Zorrilla.

A aquel chico «más bien tímido» y con un comportamiento «siempre excelente», ya se le intuía un interés por el fútbol que trascendía al de un salario a final de mes. «Siempre tuvo mucha inquietud. Conocía a muchos futbolistas, tenía esa visión de estar todo el rato hablando de unos y de otros, de analizarlos. Creo que el jugar de centrocampista le hacía tener una buena visión de lo que era el fútbol, pienso que eso le ayudó a tomar la decisión de dedicarse a la secretaría técnica al dejarlo», apunta Pazolo.

Trabajador discreto con currículo en las labores de scouting del Valencia y en la parcela deportiva de aquel gran Málaga europeo de Manuel Pellegrini —llegó a rechazar la propuesta del jeque de La Rosaleda para ocupar el puesto de director deportivo—, a su trayectoria en los despachos no le acompaña ninguna gran fotografía de celebración de ascenso. Estuvo cerca, pero el Getafe lo impidió en la promoción de la temporada 2016-2017, con Martí a los mandos de un Tenerife diseñado por él.

Si bien el recuerdo de sus etapas en Huelva o Córdoba no es el mejor para esas aficiones, su trabajo en la isla, como director deportivo en dos ciclos (2006-2008 y 2014-2018), dejó huella. Y dinero. Él fue quien reclutó a Gaku Shibasaki en el 2017 y el que apostó por José Luis Oltra para el banquillo 10 años antes, en su primera etapa antes de tener que abandonar el club por motivos personales. Serrano ofreció la renovación al valenciano tras un curso difícil antes de dejar la entidad y Oltra acabó firmando el ascenso a Primera en la siguiente campaña.

«Es un muy buen secretario técnico y un muy buen director deportivo. Un perfecto conocedor del mercado, del español y me atrevería a decir que del internacional, sobre todo el sudamericano. Es un currante nato, muy cercano al entrenador y al cuerpo técnico. Muy buen tío. Y muy discreto. Solo tengo palabras de elogio para él y creo que es un acierto por parte del Dépor», destaca Oltra.

El exentrenador blanquiazul, que aún hoy guarda buena relación con Serrano, hace balance de las dos décadas de trabajo en los despachos que lleva el nuevo secretario técnico del Deportivo: «Desde la lejanía y visto con perspectiva, se puede apreciar que el que él hace es un trabajo bien hecho. Ha dado beneficios a sus clubes ,con traspasos de jugadores que llegaron por un precio y salieron por otro, y ha creado plantillas competitivas».

Pero si por un entrenador ha apostado Serrano en su carrera es por Raül Agné, con el que contó para sus proyectos en Huelva, Tenerife y Córdoba. «Confió en mí cuando yo empezaba en Girona y me llevó al Recre. Yo era muy joven y no lo conocía de nada. Es un tipo muy profesional, de la vieja escuela, muy metódico. Conoce mucho el mercado, tanto el nacional como el extranjero», coincide Agné. Parece haber consenso en eso.

Celso Borges como cabeza de cartel

Xurxo Fernández

En una cancha para cuatro mil espectadores pegada al parque de La Sabana. No el grande, que está a solo dos manzanas de casa, junto al Estadio Nacional en el que juega de local con la selección. Este parque de La Sabana, de proporciones discretas, queda por Palmares, pasado Grecia (la Grecia tica), muy a las afueras de la capital. Y el campo que lo acompaña, mucho más modesto, se llama Guillermo Vargas Roldán. Ahí se estrenó él, recién arrancado el 2006. Se enfrentó al desaparecido Ramonense, entonces colista, después de que una de esas tormentas veraniegas típicas del enero costarricense añadiera barro al césped irregular. Quince años consumidos y el hambre intacta. Aún con ganas de perseguir balones en una topera o de calzarse botas de césped artificial. Ilusión de sobra para regresar. Y en eso anda Celso Borges, tratando de ser el primero al que echen el ojo cuando los (nos) vean volver.

Seguir leyendo