Justicia poética para el Dépor y mal perder de Sandoval


El esperpento que está siendo el caso Fuenlabrada vivió un capítulo especial con la disputa del partido aplazado el pasado 20 de julio y que generó el actual caos en el fútbol español.

Y esta jornada especial concluyó con justicia poética. Porque en un sainete de tamaña magnitud no podía vivirse un partido normal, en el que el equipo con más profesionales superase claramente al que llegó con solo siete fichas del primer equipo. La victoria tenía que llegar tarde, mal, arrastro y de penalti injusto.

Esta justicia poética tiene, además, nombres propios. El de Juanma Marrero, vicepresidente de la AFE y capitán del equipo madrileño, que el pasado jueves arremetía contra el Deportivo: «El Dépor se va de vacaciones porque quieren cuando tenían que seguir entrenando que nadie canceló el partido». Y el de Sandoval, que en una rueda de prensa a la altura del despropósito que han sido las últimas semanas, sobreactuó a la hora de deshacerse en elogios hacia Álex Bergantiños y el estadio coruñés y lloró, como de costumbre, ante lo que él considera un maltrato recibido por su equipo. Por supuesto, también se refirió al penalti que, según dijo en dos ocasiones, al árbitro «se lo pitaron desde Madrid y él poco pudo hacer». Toda una falta de respeto hacia el colegiado.

Pues sí, un penalti injusto, transformado por Beauvue en el partido de su estreno goleador. Y es posible que esa justicia poética esté en la injusticia que supuso el penalti, tan inexistente como el que le pitaron al Albacete el pasado día 20 y que, de momento, le sirve a los manchegos para mantener la categoría.

Ahora queda la otra victoria, la que tiene que llegar en los despachos y por la que el Deportivo y A Coruña van a luchar hasta el final.

A juicio, con la honra intacta

Xurxo Fernández

El VAR permite a Beauvue consumar en el descuento la remontada que buscó con ahínco el Deportivo frente a un Fuenlabrada remendado por su filial

«Lo tira Claudio, lo tira Claudio». ¿Y quién si no lo iba a tirar? Medio mundo se había recorrido el de Guadalupe para estrenar su cuenta en el bis, cómo no iba a firmar también el segundo por mucho que Aketxe sea el ejecutor oficial. Pombo tradujo en gritos el deseo de Vázquez y el pavor de Sandoval. Le puso nombre propio al miedo de un Fuenlabrada que alargó hora y media su vida al límite de cualquier reglamento. Desafiando hasta el último instante la norma, en connivencia con la autoridad. Hasta el descuento no rindieron la plaza los autores de una gesta que poco tiene que ver con su club. Siete profesionales y seis chavales a turno mantuvieron a los madrileños por delante casi todo el encuentro, tan pendientes del marcador como de no perder las unidades imprescindibles para evitar la descalificación.

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