Una sucia jugada con olor a pacto


A Coruña

Tuvieron que pasar 140 horas para que nos enteráramos de quién fue el responsable de que una bomba coronavírica viajara a A Coruña con la intención de jugar un partido de fútbol. Fue el padre. Y lo dice en Twitter, claro, seguramente antes de responder ante el juez. Unas palabras con olor a pacto a las que solo le faltó apostillar: «¿Fui yo? ¿Qué pasa? ¿Algún problema?». Seis días de silencio rotos justamente cuando el Fuenlabrada da un paso atrás. Curioso. El equipo del hijo desbloquea el monumental lío competicional que tenía el padre encima y él, como buen progenitor, asume las culpas que pudiera tener su retoño como asesor jurídico. ¿Qué padre no se sacrificaría por su hijo? Lo contamos ayer en este periódico. La reanudación de la Liga era casi inviable si se pretendía disputar el Deportivo-Fuenlabrada. Una jugada maestra. Hay que reconocérselo. A pocas retorcidas mentes se les hubiera ocurrido. Un padre intentando salvar de la responsabilidad jurídica al hijo, y este a su vez alisando la chapuza del final de Liga que consintió el cabeza de familia. ¿Y el Dépor? Un daño colateral. La cuestión era salvar el negocio. Los tres puntos para los pobres gallegos, que se irán a Segunda B si la RFEF, el CSD o los tribunales no ponen freno a los dictámenes del patriarca. Y todo, en un ambiente mediático-madrileño que aplaude a su káiser y arropa a uno de los suyos. Está claro que el Deportivo no lo es. 

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