Exigir la verdad, exigir soluciones y exigir culpables

TORRE DE MARATHÓN

CESAR QUIAN

26 jul 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

La noche que perdió una Liga en el último minuto contra un rival sobornado, ilegalmente comprado para empatar, el deportivismo encajó el golpe con una pena interminable y un civismo ejemplar. En teoría, jamás se vería en una oportunidad igual —aunque el azar le regaló la revancha al verano siguiente con la Copa y, sobre todo, seis cursos después la Liga—. Pero entre los que vieron en Riazor el puño desafiante de González al parar el penalti de Djukic, los que sufrieron el golpe en las calles de A Coruña y los millones que se identificaron desde lejos con el equipo que hizo creer que otro fútbol era posible, ninguno quiso culpar a un tercero de su infinita tristeza. Así que nadie va a dar ahora lecciones de saber perder (ni de saber ganar) a la afición de un conjunto curtido con el salitre del Atlántico, ni aunque descienda a Segunda B, ni aunque se convirtiese en el equipo del barrio. Y menos todavía lo van a hacer los personajes que dirigen el fútbol profesional estos días, como si sobre provincias measen y hubiese que decir que llueve.

El lunes pasado, en una reunión de media hora, se gestó el golpe a la igualdad de la competición en Segunda. No es difícil imaginar a alguno de los protagonistas de la reunión despachando con suficiencia los intereses del equipo coruñés: «El Deportivo, que no moleste; ya jugará, y si por entonces está descendido, que se aguante». La temporada de 42 jornadas de Segunda iba a terminar, a mayor gloria del triunvirato de las fotos de los acuerdos de Viana —con ese nombre, algo tendría que acabar terminando mal—, ese apaño para que la máquina de hacer billetes con los sentimientos de millones de personas no se detuviese ni con cuatro positivos dentro de un club ya el día antes del partido de Riazor.

Pero los iluminados que instaron al Fuenlabrada a viajar, los directivos que enviaron a un equipo de alto riesgo siquiera sin un médico en su expedición —total, un médico en plena pandemia, para qué—, los políticos que consintieron un protocolo manoseado y corregido y arreglado a medida que pasaban las semanas, y los federativos que guardaron un silencio cómplice, todos, ayudaron por acción o por omisión a generar un monumental problema de salud pública en A Coruña. Y también un complejo escenario deportivo que no solo afecta en Riazor, sino que crispa a las aficiones del Zaragoza, el Almería, el Girona, el Elche, el Numancia... Por citar solo a las ya muy directamente perjudicadas por un cúmulo de errores y negligencias. ¿Alguien puede imaginar que la última jornada en Primera arrancase sin que el Madrid o el Barcelona pudiesen jugar a la misma hora que el resto?