Exigir la verdad, exigir soluciones y exigir culpables


La noche que perdió una Liga en el último minuto contra un rival sobornado, ilegalmente comprado para empatar, el deportivismo encajó el golpe con una pena interminable y un civismo ejemplar. En teoría, jamás se vería en una oportunidad igual —aunque el azar le regaló la revancha al verano siguiente con la Copa y, sobre todo, seis cursos después la Liga—. Pero entre los que vieron en Riazor el puño desafiante de González al parar el penalti de Djukic, los que sufrieron el golpe en las calles de A Coruña y los millones que se identificaron desde lejos con el equipo que hizo creer que otro fútbol era posible, ninguno quiso culpar a un tercero de su infinita tristeza. Así que nadie va a dar ahora lecciones de saber perder (ni de saber ganar) a la afición de un conjunto curtido con el salitre del Atlántico, ni aunque descienda a Segunda B, ni aunque se convirtiese en el equipo del barrio. Y menos todavía lo van a hacer los personajes que dirigen el fútbol profesional estos días, como si sobre provincias measen y hubiese que decir que llueve.

El lunes pasado, en una reunión de media hora, se gestó el golpe a la igualdad de la competición en Segunda. No es difícil imaginar a alguno de los protagonistas de la reunión despachando con suficiencia los intereses del equipo coruñés: «El Deportivo, que no moleste; ya jugará, y si por entonces está descendido, que se aguante». La temporada de 42 jornadas de Segunda iba a terminar, a mayor gloria del triunvirato de las fotos de los acuerdos de Viana —con ese nombre, algo tendría que acabar terminando mal—, ese apaño para que la máquina de hacer billetes con los sentimientos de millones de personas no se detuviese ni con cuatro positivos dentro de un club ya el día antes del partido de Riazor.

Pero los iluminados que instaron al Fuenlabrada a viajar, los directivos que enviaron a un equipo de alto riesgo siquiera sin un médico en su expedición —total, un médico en plena pandemia, para qué—, los políticos que consintieron un protocolo manoseado y corregido y arreglado a medida que pasaban las semanas, y los federativos que guardaron un silencio cómplice, todos, ayudaron por acción o por omisión a generar un monumental problema de salud pública en A Coruña. Y también un complejo escenario deportivo que no solo afecta en Riazor, sino que crispa a las aficiones del Zaragoza, el Almería, el Girona, el Elche, el Numancia... Por citar solo a las ya muy directamente perjudicadas por un cúmulo de errores y negligencias. ¿Alguien puede imaginar que la última jornada en Primera arrancase sin que el Madrid o el Barcelona pudiesen jugar a la misma hora que el resto?

Pero el deportivismo no agacha la cabeza. Ni la alcaldesa de A Coruña, Inés Rey, va a tragar con un relato cogido con más pinzas que el papelón del hijo de Javier Tebas como secretario del consejo de administración del Fuenlabrada. Ni la afición del Deportivo ni el resto de la ciudad están dispuestos a que le metan un gol a su dignidad. Paciente y responsable por ahora, no está lejos de levantarse para reivindicar justicia en la calle.

Hay que llegar hasta el final. Hasta que se conozca la verdad de toda la lamentable gestión de los positivos del Fuenlabrada, hasta que se arbitre una solución que no perjudique los intereses del Deportivo ni de ningún otro y hasta que paguen los culpables.

En un ejemplo más de la realidad paralela en la que viven los amos del fútbol y su lobi, pretendían jugar el Deportivo-Fuenlabrada el próximo jueves día 30. Dentro de cinco días. Pero ayer el número de positivos del equipo madrileño creció en 12 casos más.

¿Qué clase de protocolo termina con 28 personas dentro de un mismo equipo contagiadas por coronavirus? ¿Quién puede creer que todas las partes actuaron correctamente y que el virus se expande por arte de magia? ¿Cuánto van a tardar en producirse las primeras dimisiones? ¿Cuánto más tiempo pretenden estar callados los locuaces Tebas y Rubiales e Irene Lozano? El jefe de la Liga, el padre del asesor del Fuenlabrada, pretende apartarse ahora del foco de decisión, como si no controlase todos los resortes de la patronal; el presidente de la Federación marca distancias, de forma implícita, con su gestión del positivo de una persona cercana a un jugador del Portugalete, para suspender de forma fulminante su partido del play off de ascenso a Segunda B; y Lozano se limita a su comunicado del miércoles, con la censura a LaLiga por su gestión de la crisis, y a esperar a ver de qué lado saca más réditos políticos.

Este sábado tampoco supimos cuántos positivos más hubo en la reanudación del fútbol y no fueron comunicados por LaLiga. Quieren que el Deportivo no moleste, pero el deportivismo no se va a callar.

La federación, obligada a decidir ya sobre la Segunda al agravarse el caso Fuenlabrada

Iván Antelo

Los 28 positivos del club madrileño y su aislamiento al menos 10 días impiden acabar la Liga sin dañar la próxima, por lo que urgen medidas sobre play off y permanencia

Los días pasan y comienzan a caer como losas en el número 60 de la calle Torrelaguna, sede de la Liga. Tanto, que empieza a aparecer el temor a que no pueda concluirse esta temporada de Segunda, que dejó en el alero un partido clave de liga regular y los play offs de ascenso. Y es que al margen del lío judicial, el hecho de tener a un equipo como el Fuenlabrada con 20 casos positivos confinados en un hotel de A Coruña y otros 8 en Madrid (ayer se conocieron 12 nuevos contagios), como mínimo en cuarentena hasta principios de agosto, hace poco viable poder terminar este campeonato sin dañar el siguiente. Un hecho que urge a tomar decisiones inmediatas, ante el estado de incertidumbre en el que se encuentra un tercio de los equipos de la Liga (Zaragoza, Girona, Almería, Elche, Fuenlabrada, Numancia y Deportivo). La opción del próximo curso de 24 equipos (con coruñeses y sorianos salvados) cobra fuerza.

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