Las meigas del Dépor: el incendio, el diluvio y el virus de Fuenlabrada

La historia blanquiazul está plagada de incidentes que acompañan sus hitos


Redacción / La Voz

Cuando cualquier deportivista de mediana edad se siente con su nieto delante de la lareira, hasta el fuego será una historia.

La del 91 y su ascenso. La que marca el comienzo de tres décadas regadas de incidentes a las que sirvió de prólogo en el 88 el tanto purificador de Vicente Celeiro. En el momento en que Bodiger desafió las leyes más básicas de la defensa ante centros laterales y recibió el envío de Benito con los brazos abiertos, se esfumó la ocasión de encontrarle relevo al futbolista vilalbés que el 22 de mayo de 1988 entregó al Deportivo varias vidas extra. Aplazamiento de un fatal descenso a Segunda B bien aprovechado para rellenar vitrinas y coleccionar marcadores con los que señalar momentos épicos.

Ninguno viene recogido en el Éxodo. Para recopilarlos queda la biblia particular de cada seguidor blanquiazul, con sus plagas a medida. Alguna, con trazas de aquellas que asolaron Egipto. Como la séptima. La lluvia de granizo y fuego dividida en dos para dar ambiente al ascenso más memorable y al primer título.

El 10 de junio de 1991, el conjunto coruñés se jugaba en casa un billete único a Primera al que también aspiraba el Murcia. Recién comenzado el duelo, una negra humareda destapó el incendio sobre la grada de Preferencia. El árbitro detuvo el choque. A Arsenio le temblaron las piernas. «Lo de la cubierta parecía un mal presagio», apuntó a encuentro pasado, ya con el equipo instalado en la máxima categoría. Los tres cuartos de hora empleados por los bomberos en sofocar las llamas, con jugadores y aficionados de testigos a pie de césped, dejaron imágenes y expresiones a las que recurrir en tiempos de sufrimiento. [Consulta aquí la página completa]

Página de La Voz del 10 de junio de 1991
Página de La Voz del 10 de junio de 1991

El «lume» avivó campañas publicitarias y vistió de rojo al equipo, cuando el club necesitó de un empujón del imaginario. Como volvió a ocurrir hace solo unos días, con la caja de la entidad en situación precaria por culpa de antiguos despilfarros que agravaba ahora la pandemia forzando a Riazor a cerrar sus puertas. El socio tenía derecho a compensación, pero al Deportivo le iba a salir muy caro el desagravio. Así que invitó a sus abonados a mojarse.

Lo hizo recuperando una vieja camiseta y la foto de Alfredo. El autor del tanto que puso la primera pica en la plaza de Pontevedra. El único gol de una cita despiezada por el granizo que el 24 de junio de 1995 detuvo el crono en el minuto 34 y 34 segundos. «Quedé con la mano hinchada. Por suerte la puse en la cabeza, porque si me llega a pegar aquella pedrada ahí, no sé qué hubiera pasado», reseñaba Bebeto al remontarse a aquella tarde en su 25 aniversario. Manjarín también hizo ejercicio de memoria: «Antes de cambiarnos, ya allí en el Bernabéu, le digo a Alfredo: ‘Hace un calor de tormenta, tronqui, va a caer una...’ Y me responde: ‘No jodas, tronco, ¿en Madrid, aquí, en junio? ¡Cómo va a llover!’». Porque jugaba el Dépor. El partido concluyó tres días después, con ese cabezazo por encima de Zubizarreta de un futbolista que no llegaba al metro setenta. [Consulta aquí la página completa]

Primera de La Voz de Galicia del 25 de junio de 1995
Primera de La Voz de Galicia del 25 de junio de 1995

En la pila de detalles para dar fuste a las gestas se puede apuntar también alguno de menor entidad, como esa única Liga que Donato selló por primera vez en viernes.

Lo demás son casi todo miserias más cercanas a lo humano. Las de los muchos años de agonía que desembocan en este posible descenso a plazos, precedido de otro con el mayor número de puntos en la historia de Primera. Lotina y sus 43 del curso 2010-2011, cuando el Valencia selló el descalabro con un triunfo que no necesitaba para nada y tampoco buscó con excesivo entusiasmo. La siguiente caída, más natural, llegó tras una agonía inesperada por lo larga. Fernando Vázquez dio meses de vida al muerto que dejaban Oltra y Paciencia. Luego enmendó el susto recuperando la categoría por cuatro campañas quemadas siempre al borde del pozo. En una hubo que escapar de él en el Camp Nou, sin saber que el empate allí sudado sería innecesario porque la Liga acabaría descalificando al Elche. Fue la temporada del asesinato de Jimmy a manos del Frente Atlético.

Vázquez ha vuelto a rozar el milagro e incluso se dan condiciones para otro descenso con más puntos que nunca. Pero habrá que esperar a certificarlo, porque si el faraón tuvo ranas, piojos y langostas, aquí la peste es el coronavirus. Sabina compondría un himno. El Deportivo ha forjado su historia reciente.

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