El «uno por uno» del triunfo del Deportivo en Elche


Dani Giménez | 6

Sufrió el constante atosigamiento del Elche a través de centros laterales. Resolvió con aplomo y metió alguna buena mano.

Bóveda | 6

Selló con mucho acierto el carril derecho y trató de incorporarse en alguna ocasión.

Mujaid | 7

Muy bien en la marca y el inicio de jugada, aunque no acaba de resolver sus problemas en el juego aéreo.

Bergantiños | 8

Muy concentrado para enmendar posibles errores de sus compañeros y atosigar a Jonathas.

Montero | 6

El Elche exigió especialmente al flanco izquierdo de la zaga del Dépor. El central zurdo respondió bien.

Luis Ruiz | 5

Sufrió mucho a un rival que buscó generar constantes superioridades por su costado. Acabó dejando la plaza a David Simón.

Uche Agbo | 8

Infatigable un día más. Recital en la medular imponiéndose en cada batalla. Tuvo el segundo en el descuento.

Gaku Shibasaki | 1

Estaba pasando prácticamente desapercibido hasta que alteró por completo el encuentro con una entrada incomprensible.

Vicente | 5

Dejó algún buen detalle, pero en general cuajó un encuentro discreto.

Borja Valle | 6

Trató de dar sentido al juego ofensivo del equipo y eligió bien casi siempre.

Sabin Merino | 8

Impagable labor de espaldas a portería para permitir las incorporaciones de sus compañeros y retener el cuero.

David Simón | 6

Saltó al campo para tratar de cerrar la brecha que había abierto el Elche en el costado izquierdo. Buscó alguna contra

Hugo Vallejo | 8

Marcó un tanto fundamental con el Deportivo acantonado en inferioridad.

Ager Aketxe | 6

Salió para intentar retener el cuero y cumplió con su misión.

El mejor, Víctor Mollejo | 8

Salió al campo para romper el partido. Asistió a Vallejo y provocó una expulsión.

Una estupidez y la resistencia de un Deportivo de vietnamitas

Paulo Alonso

A Gaku se le atribuía al menos un cierto temple como esporádico capitán de la selección de Japón, un país que no entrega los símbolos a un cualquiera. Pero el despropósito de la temporada del Deportivo también ha alcanzado a Shibasaki en las formas con una entrada estúpida y gratuita, porque el juego pocas veces le ha acompañado como blanquiazul. Al Dépor posconfinamiento la expulsión debía haberle zarandeado como el preludio de otra pesadilla de las que acostumbra a regalar a su gente desde hace ya no se sabe hace cuánto tiempo.

Hasta ahí el fatalismo. Porque de la miseria de verse en inferioridad con la eternidad de una hora de fútbol por delante nació el Deportivo de los vietnamitas, en expresión de Fernando Vázquez, el de la resistencia agónica, esforzada y también desesperante, que tanto juego dio el técnico en el inicio de su segunda luna de miel con el deportivismo.

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