Víctor Mollejo: «La gente de Riazor y yo tenemos muchas cosas en común»

Espera a que se solucione su contrato más allá del 30 de junio y no descarta seguir en A Coruña


Pertenece a una generación que ha visto levantar más copas al Manchester City que al Milan. Cuando el Deportivo ganó la Liga ni siquiera había nacido, pero no dudó en firmar cuando Riazor se puso a tiro: «El Dépor es un club histórico que, para mí, por historia y masa social está en la élite de Primera División». Eso pesó en la decisión de Víctor Mollejo (La Villa de Don Fadrique, Toledo, 2001). También que Pinchi hiciese de embajador el pasado junio durante el San Juan más triste para la hinchada. Entre las ruinas de aquel drama surgió el flechazo. Menos de un año después viste de blanco y azul y encandila a la grada con su fútbol peleón y su verso zalamero.

—El Gobierno ha dado luz verde a que vuelva la Liga, ¿se alegra?

—Claro, muchísimo. Es nuestro trabajo, estábamos esperando a que nos dijesen una fecha exacta para marcarnos un objetivo y poder llegar bien para competir. Ahora ya sabemos que a partir del 8 de junio la Liga comenzará si todo va bien. Suponemos que será el día 12, que era la fecha marcada desde el principio.

—¿Era tentadora la idea de que se pudiesen cancelar la temporada y asegurar la salvación?

—En mi caso, creía que el fútbol tenía que volver si las cosas iban a mejor y era posible. Yo quería, porque es nuestro trabajo y no hay nada que nos haga más felices independientemente de que el Dépor esté en posiciones de descenso o no. No hay manera más noble de salvarse que jugando.

—Supuestamente, acaba contrato el 30 de junio, ¿está solucionado ese asunto?

—Estamos hablando aún. Creo que pronto la Liga va a hacer un acuerdo con los clubes para que los jugadores cedidos puedan seguir jugando en sus equipos hasta que acabe la temporada y no creo que haya problema. Además, es mi deseo. Como si acaba en septiembre o noviembre.

—Usted se siente a gusto y en Riazor ha caído en gracia.

—Totalmente, la verdad. Nunca me imaginé que este año iba a ser tan bueno para mí en lo personal. No solo por el hecho de marcar goles o tener minutos, sino por todo lo que he aprendido, por haber estado hundidos y habernos venido arriba. Para mi aprendizaje, eso ha sido muy bueno. Además, la gente me lo ha reconocido y me siento muy querido por la afición y muy arropado.

—Ha elogiado Riazor y lo ha comparado con el Calderón, pero lo raro sería hablar mal de la afición de su equipo.

—Eso depende de cómo se diga y del sentimiento que uno tenga. Y eso se ve en los partidos. Evidentemente, un jugador nunca va a hablar mal de su afición porque el futbolista lo que quiere es, cada dos fines de semana, hacer tranquilo su trabajo, lo mejor posible y que la gente lo anime. Lo comparo con el Calderón porque desde el primer momento conectamos muy bien. Yo con ellos y ellos conmigo. Para mí es especial, por mis sensaciones con la afición y lo que yo veo conmigo. Creo que tenemos cosas en común. Nunca nos damos por vencidos, peleamos hasta el último balón y somos gente trabajadora. Lo que digo de Riazor no lo digo para quedar bien, sino porque lo siento realmente.

—A su amigo Montero le ha costado más, ¿le ha aconsejado?

—A Javi siempre le he dicho que todos los que le conocemos sabemos lo bueno que es. Que hiciese las cosas básicas que sabe hacer y, a partir de ahí, crecer. Le ha costado un poco, pero hizo partidos, sobre todo durante la racha, muy buenos, y la afición se lo ha reconocido. Cuando estaba creciendo, vino todo esto del coronavirus. Pero es una persona fuerte. Va a aprender y le va a servir mucho para su futuro.

«Juegue o no aquí el año que viene, siempre es un lugar adonde voy a querer volver»

Empieza a ser motivo de comentarios. A Víctor Mollejo se le ha pegado el acento gallego. «Puede ser. Vivo con dos ‘coruños’ cerrados», explica para que se entienda. El toledano no es la clase de futbolista que se aísla. Ya hizo amistades locales cuando ni por asomo intuía que acabaría firmando en la plaza de Pontevedra. Pinchi le presentó a sus amigos y han hecho piña. Hasta tal punto de que no se han separado durante la cuarentena. «Fui rápido y avisé a dos amigos para que viniesen a casa. Pasé los dos meses con ellos, se ha hecho más ameno y me ha ayudado bastante. Me imagino haber pasado la cuarentena yo solo... Vivo en un séptimo, a la primera semana ya me hubiese tirado por la ventana», asegura.

—Si se diesen las circunstancias y no tuviese sitio en el Metropolitano, ¿pasaría otro año aquí?

—Es verdad que eso no depende de mí y que soy jugador del Atleti. Si ellos me piden volver, tendré que volver. Ellos marcan mi camino, pero en un sitio donde te sientes cómodo, pues es normal que quieras volver a jugar. Creo que, independientemente de que el año que viene juegue o no juegue en el Dépor, siempre va a ser un lugar adonde voy a querer volver.

«Un jugador vale más dinero cuando puede jugar en varias posiciones»

Las cesiones son un arma de doble filo. Un disparo al aire que puede salir muy bien o muy mal. Para Mollejo ha salido cara y afirma que ahora es mejor futbolista que cuando llegó.

Cuando esté nació, Fernando Vázquez iba camino de ascender al Betis, qué sabía de él?

—Sabía que aquí era un ídolo. Había oído hablar de él y me habían explicado que aquí era un ídolo, que era algo que el club necestiaba para motivarse y yo creo que ese ha sido su logro. En el momento en el que Fernando vuelve al equipo la gente se vuelca, era el empujón que necesitábaos. Llegaron victorias y jugando bastante bien.

Se decía que podía estar anticuado, ¿fue consciente de todo eso que se habló?

—Totalmente. También pensaba eso. Un entrenador que lleva mucho tiempo... pero totalmente lo contrario. Hizo cosas súper modernas, cosas que eran necesarias para el equipo, cosas básicas que hacenlos cadetes las hacíamos nosotros y era eso lo que nos faltaba. Las cosas básicas de un equipo. Llegó y las aplicó. Y luego en lo psicológico acertó de lleno. Hacernos ver que somos buenos, que no somos ninguna mierda, y las cosas empezaron a ir bien. Te vienes arriba porque el topó con la clave. Nos sentíamos lo peor de lo peor y nos empezó a dar charlas en las que cambió nuestra manera de pensar. Eso y la gente de Riazor nos empezó a cambiar.

—¿Siente que ha progresado?

— Mucho. La verdad es que mucho. Por eso estoy tan contento de estar aquí. He mejorado en muchos aspectos que antes me faltaban. La verdad es que cuando te sientes cómodo, es normal mejorar.

—Siempre destacó a Simeone como su entrenador clave, ¿qué cosas ha aprendido aquí?

—Cuando dije que el Cholo es el entrenador que más me ha marcado es porque confió en mí y me dio minutos y convocatorias en el Atleti siendo yo un niño. Me ha dado muchas cosas, pero no soy un jugador de la primera plantilla y es normal que no esté tan encima de mí como han podido estar Anquela o Fernando [Vázquez]. Anquela y Fernando me han enseñado muchas cosas que ojalá pueda seguir demostrándolas en el Atleti o en el Dépor.

—Habla de Anquela y Vázquez pero no de Luis César.

—Bueno, porque son etapas diferentes. Creo que personalmente me he sentido muy cómodo con Anquela y Fernando. Con Luis César no me sentí tan cómodo. No por culpa suya ni mucho menos, sino por situaciones que se dieron que pueden pasar en el fútbol y por eso he aprendido más de ellos que de la etapa de Luis César. Pero bueno, de todos los entrenadores se aprende un poquito y aunque no conectes sí que sacamos cosas positivas.

A Coruña ha sido su primer destino fuera de su casa, ¿cree que le marcará?

—Sí. Ya te digo. Es el primer destino fuera de casa, y es todo lo que ha conllevado estar aquí. Me he sentido como en casa. Tengo amigos que no tienen que ver con el fútbol que son de aquí. Buenos amigos con los que comparto todo. Un club que significa lo que significa y que lo sigue tanta gente. Una ciudad, a mi parecer, preciosa y donde se vive súper bien. Todas esas cosas influyen para que, a pesar de que haya sido mi primer destino fuera de casa, sea como mi segundo hogar.

—Peru dijo no saber qué jugador era, que su polivalencia no le dejaba sentirse ni central, ni medio. Usted es otro de los comodines, ¿cree que le perjudica?

— No, para nada. Empecé de extremo derecho, que era mi posición cuando llegué. Luego Fernando me puso de mediapunta y me sentí muy cómodo, luego me puso de lateral y me sentí aún más cómodo. Conforme iba descubriendo sitios nuevos, más cómodo me iba sintiendo. Quería aprender y mejorar. Un jugador vale más dinero cuando puede jugar en varias posiciones.

—Esta época tan extraña se ha traducido en mucha gente en sueños extraños, ¿usted ha soñado con fútbol?

—Muchos días. De hecho, la mayoría he soñado con fútbol. Es literal. Soñaba que hacía lo que venía haciendo antes del parón. Que marcaba goles en Riazor y que ayudaba al equipo a conseguir la salvación.

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