Luisito: «Eché en falta 5 minutos con Vidal y una llamada de Fernando Vázquez»

El entrenador gallego dice adiós a quince meses en el Fabril anteponiendo su labor como formador a los resultados obtenidos


Quince meses tuvo José Luis Míguez Iglesias Luisito (Teo, 1966) la oportunidad de hacer realidad el sueño de uno de sus hermanos fallecidos —«murió hace 17 años con un muñeco del Dépor y la camiseta en la habitación. Si le dicen que voy a pertenecer a este club...», explica el técnico—. Un año y tres meses en los que lejos de no lograr los objetivos que algunos podían pensar él defiende que cumplió con los encomendados: «Formar niños para el fútbol profesional». Eso le costó puntos. Victorias. Disgustos. Pero le dio una gran satisfacción: «Ver críos como Mujaid en el primer equipo», presume. Ahora, se va sin reproches: «Mi contrato concluye el 30 de junio, me pagan la temporada y tienen derecho a meter gente nueva». Y con mucho agradecimiento: «En el Dépor me sentí querido y respetado». Solo dos lunares en esta etapa: «Eché en falta cinco minutos con Vidal y una llamada de Fernando Vázquez».

—¿Cómo fue ese momento del adiós?

—Estaba más que enterado por lo que leía por ahí. Además, llevo 42 años en el fútbol (26 de jugador y 16 de entrenador). Nada puede sorprenderme. No soy tonto. Una vez que Tino Fernández se va y cesan a Carmelo —siempre les estaré agradecidos por haberme dado esta oportunidad—, que son los que me traen, fueron echando a todos los de su cuerda. Y yo solo puedo dar gracias de que me han dejado terminar la temporada. De forma abrupta, pero eso no es culpa del Deportivo. Cada uno confía en su grupo, y este consejo tiene el suyo. Nada que decir.

—¿Quién y cómo se lo dicen?

—Pues nada. Todo muy normal. Me vino Albert Gil y me dijo que por orden del presidente y el consejo de administración se adoptó esa solución. Ya le digo que no hay ningún reproche ni de mi saldrá una mala palabra. La gente se piensa que yo soy de una manera pero está muy confundida. Soy muy buena persona.

—Dice que se lo esperaba. ¿Había percibido algún distanciamiento?

—No, no. Lo digo porque son cosas del fútbol. Me morí como futbolista cuando me llegó el momento. Algún día, moriré como entrenador. Pero lo que no voy es a dejar de ser buena persona. Yo no quiero hablar mal de nadie porque he sido muy feliz. Solo hay dos cosas que me quedaron dentro, pero bueno.

—¿A qué se refiere?

—Me hubiera gustado que el presidente me hubiera conocido como persona. Me mandó un mensaje cariñoso. No tengo nada que decir en su contra. Le tengo un respeto enorme y creo que puede hacer un trabajo en el Deportivo, pero siempre me quedó la pena de no haber podido hablar con él cinco minutos. Que conociera cómo trabajo. Sé que está peleando duro en una situación difícil, pero yo le respondo con sinceridad a lo que usted me pregunta. Y también me dolió que Fernando Vázquez, con quien siempre he mantenido buena amistad, ni me ha cogido el teléfono ni me ha mandado un mensaje ni nada. No lo entiendo. Esas son las dos cosas que me quedaron dentro: eché en falta cinco minutos con Vidal y una llamada de Fernando Vázquez. Del resto, nada que objetar.

—Hace dos meses prometía que, cuando no estuviera en el club, contaría si alguna vez se vio como entrenador del primer equipo. Ha llegado el momento.

—No. No voy a hablar. Estuve muy cerca, pero ahí queda. Ahora no es el momento. Ayer mismo comentaba este tema con un futbolista, pero... Para qué remover ahora el pasado. Hace poco aún me llamó Anquela... Insisto solo diré que si hubiesen seguido Tino de presidente y Carmelo del Pozo posiblemente hubiese entrenado al primer equipo. Pero no se dio y no hay más que hablar. Me voy después de haber mantenido una gran relación con todos los entrenadores y presidentes que hubo, y pasaron unos cuantos eh. Porque, le diré una cosa, en los quince meses que estuve, hubo un entrenador del Fabril, pero presidentes pasaron cuatro y técnicos del primero equipo, cinco. Así que fíjese usted. Ojalá ahora con Fernando Vidal se logre la estabilidad que hace falta.

«Muchos se pondrán medallas con Mujaid, pero cuando llegué estaba tirado y ahora es un gran activo»

Si hay un futbolista con el que se siente identificado Luisito durante su etapa en el Fabril ese es Mujaid. «Todos son unos niños sensacionales, pero yo es que hablé tanto con él, lo traté tanto...»

—Siempre ha dicho que jugando de otra manera podría haber sumado más puntos. Si supiera que su fecha de caducidad estaba tan cercana, ¿hubiera cambiado el estilo?

—Para nada. A mí nunca me obligaron a luchar por una clasificación. Yo entiendo que si estoy en un filial es para preparar niños para ser profesionales del primer equipo. A Segunda B es muy fácil llegar, pero al Deportivo no. Y me propuse eso y lo conseguí.

—¿El ejemplo, Mujaid?

—Y otros que llegarán. Pero Mujaid es un caso muy especial. Muchos se colgarán medallas, pero cuando llegué estaba tirado y ahora es un gran activo para el club. Hablé con él mucho. Y el niño está ahí para contarlo. Me dijeron: «Está apartado del Fabril y del juvenil». Lo que hablamos los dos, lo sabemos los dos. Lo pasé mal no. Muy mal. Pero su comportamiento conmigo fue ejemplar. No digo que antes no mereciera un castigo. Pero conmigo, se portó genial.

—¿Cree que fabricó un futbolista?

—No, porque el potencial lo tenía. Yo he tenido futbolistas de muy alto nivel, pero este chico lo tiene todo. ¿Qué es travieso? Pues quién no era travieso con su edad. Si a un niño travieso lo apartas y lo tiras pues ahí es difícil. Ojo que no le hecho la culpa a nadie. Fueron las circunstancias. Pero bueno, hablamos, trabajamos y ahí está. Ahora que lo cuiden porque a poco que él siga poniendo de su parte, el Deportivo tiene un futbolista para ganar mucho dinero con él o para quedárselo en un proyecto ambicioso. No cambio eso por nada. Gané campeonatos, ascendí... Pero me quedo con esto que viví.

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