Los niños de oro de Fernando Vázquez

TORRE DE MARATHÓN

Senén Rouco

El entrenador blanquiazul, un tradicional descubridor de talentos en el fútbol español, exprime en Abegondo a sus futbolistas más jóvenes buscando crear condiciones idóneas para su participación

21 feb 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Los gritos de Fernando Vázquez se escuchan desde la carretera. «Como vuelva a estar Peru aquí y tú estés a 20 metros, es que te mato. Te mato». Ayer en Abegondo, Mujaid aguantaba el chaparrón y corregía su posición.

Fue la segunda bronca que el central riojano se llevó de su entrenador durante los ensayos tácticos en la ciudad deportiva. Otra vez por dejar demasiado espacio entre él y Nolaskoain, su compañero en la zaga. Para su consuelo, no fue el único en ser abroncado. Hugo Vallejo, otro de los benjamines del grupo, también tuvo que soportar los chillidos del entrenador. Juan Rodríguez, central del juvenil recién incorporado a los entrenamientos con los mayores, observaba en silencio. Por si acaso.

Vázquez no tiene remilgos a la hora de alzar la voz con los más jóvenes. Es duro, los exprime al máximo durante los entrenamientos, pero sabe hasta donde puede exigirles responsabilidades. Y los protege. «Hay gente que dice que pongo a los canteranos cuando los necesito. Eso no es verdad. Ahí es cuando no los pongo», relata Fernando Vázquez que, aunque sobre el césped de Abegondo exige, al ser preguntado resguarda a sus promesas bajo el ala. «Mujaid está respondiendo de forma espectacular, pero lo que está siendo positivo podría haber sido negativo. Las situaciones de crisis no son un momento adecuado para un canterano. El momento oportuno es cuando las cosas van un poco bien y la gente en la grada apoya y aplaude», explica el preparador blanquiazul.

El central, que debutó de lateral derecho ante el Villarreal durante las últimas fechas del naufragio de Seedorf y al que Luis César le brindó la titularidad esta temporada, es la última perla del de Castrofeito. Él y Mollejo son sus grandes apuestas por el talento en pañales esta campaña. Solo son dos, pocos para algunos que comparan su anterior etapa en el club y recuerdan cómo en el 2014 su equipo ascendió formando sobre el campo con Insua, Juan Carlos, Seoane, Luis Fernández o Bicho, a los que él les puso el puente desde el Fabril. «En esa época, yo empecé en pretemporada, hice la pretemporada con ellos, y las cosas fueron bien. En la situación actual, arriesgar con un chaval al que no le tengo confianza va a ser imposible, y además no lo quiero poner porque la responsabilidad en una situación negativa lo puede matar», explica Vázquez pausadamente.

Se explica y se defiende. Asegura tener un seguimiento constante de la plantilla de Luisito. «Si el primer entrenador no mira para la cantera, no existe la cantera. Si los canteranos no llegan al primer equipo porque el entrenador de la primera plantilla no mira para ellos, es como si no existiesen, y puede haber una gran cantera, pero el primer entrenador es el responsable de que esa cantera esté viva», dice.

Esa predilección por apostar por savia nueva ha sido una constante en su carrera. Mano derecha con los chavales que quizás se forjó en las aulas. Mano derecha que acompaña de su intuición para ver el talento cuando todavía está sin esculpir. «A mí me resulta fácil. Si me valoraran por la cantidad de chavales que subí al primer equipo, que casi todos fueron internacionales, yo tenía que ser el mejor entrenador de este país», dice orgulloso Fernando Vázquez que añade: «Pero a mí eso no me suma nada, tienes que ganar, el resto no vale».

Lo cierto es que, muchos de ellos, aunque no han sido internacionales, han valido a sus clubes de origen a hacer caja. Cerca de 2.500 millones de pesetas (más de 15 millones de euros) pagó el propio Deportivo por Diego Tristán, el Mallorca también recibió otros 24 kilos por Eto’o —había invertido en él algo más de 7 para llevárselo en propiedad desde el Real Madrid— cuando el Barcelona lo vino a buscar, el Schalke 04 abonó 3,5 millones de euros al Deportivo a cambio de Insua. Son algunos ejemplos traducidos al vil metal.

Pero no todo es dinero. Con un Oubiña puliéndose en la medular y Bouzón o Jonathan Aspas en el equipo —aunque con aportaciones secundarias—, Vázquez devolvió al Celta a Primera División.

El entrenador del Dépor dejó un patrimonio millonario al Betis de Lopera

Tres entrenadores tuvo el Real Betis en la temporada 1999-2000. Un año para el olvido en Heliópolis que acabaría con los huesos del equipo en Segunda. Fernando Vázquez llegaría en verano para tratar de reflotar el barco. El objetivo de la temporada: volver a Primera División.

«Me habían dicho que Finidi, Alfonso, etc. se iban a quedar en el Real Betis conmigo, pero se fueron y me trajeron a otros jugadores. Y yo empecé a mirar para abajo», explica el actual entrenador del Deportivo. «Tenía 24 jugadores, pero si me parecía que los de la cantera son mejores, yo los ponía. Arzu, Varela, Joaquín, Capi... todos esos, ¿cuánta pasta le dieron al señor Lopera?», se pregunta Fernando Vázquez sobre esa generación que levantaría la Copa del Rey cuatro años después. El Valencia pagó 25 millones de euros por Joaquín en el 2006, Capi, llegó a internacional con Camacho, aunque nunca fue vendido pese a que su cotización se disparó. Arzu tampoco dejó el Villamarín hasta el final de su carrera, pero con 200 partidos en Primera fue un activo importante del club andaluz y solo la gestión de la directiva bética, que no alcanzó un acuerdo para firmar una renovación, impidió sacar un buen pellizco por Varela, que acabó yéndose gratis al Mallorca.

Fernando Vázquez fue destituido de aquel Betis tras la jornada 29 cuando el equipo ocupaba puestos de ascenso directo. Luis del Sol acabó la temporada y cumplió el objetivo del ascenso. Vázquez ya no estaba, pero siente aquel ascenso como suyo cuando habla. «Yo ascendí con canteranos en el Betis, y tenía profesionales. Y no es fácil», dice orgulloso el entrenador.

«El vestuario hoy acepta a los canteranos, antes, si podían, los mataban»

Si hoy es una oportunidad saltar al primer equipo, hace no tanto era un regalo envenenado. Un canterano era considerado un intruso, una amenaza para las plantillas profesionales. Así lo relata Fernando Vázquez. «Evidentemente, el vestuario hoy acepta mejor a los canteranos que nunca. Ya no es lo de antes. Antes venía uno para arriba y es que lo mataban. Iba a entrenar con ellos y si lo podían matar lo mataban», dice con contundencia.

Explica que el apoyo de la primera plantilla es clave y que ayuda que los futbolistas vean el desarrollo y el talento de los canteranos en primera persona. «Si elijo a un canterano luego le apoyo, es la clave, sé que es futbolista y la plantilla también lo entiende», analiza Fernando Vázquez.