Un problema en las rodillas y 200 kilómetros al día por el sueño de Nahuel Castro

Llegó hace cinco meses de Argentina, donde hizo sacrificios para jugar al hockey. Con 18 años, ya debutó en la OK Liga


Faltaban algo más de siete minutos para concluir el partido. El Liceo dominaba el marcador ante el Lloret. Juan Copa decidió regalarle una recompensa al esfuerzo a Nahuel Castro (Argentina, 2001). La baja de Maxi Oruste le ofreció la oportunidad de entrar en la convocatoria. «Copa no me dijo si iba a jugar o no. Al finalizar el último entrenamiento me dijo que tenía que estar a las siete en el Palacio para ir con la OK Liga», asegura sin creerse demasiado lo que ha pasado. «Calienta un poco que te vas a enfriar», le dijo un compañero cuando el técnico del Liceo le nombró para salir a la pista. «Estaba tan feliz, se me vino todo a la cabeza. No sabía qué hacer, fueron demasiadas cosas juntas», reconoce.

Y es que hace tan solo cinco meses Nanu estaba en San Juan, en Argentina, con su familia y sus amigos. Su buena actuación durante el Mundial sub-19 llamó la atención del equipo coruñés, que no dudó en contactar con él. Sin haber cumplido la mayoría de edad, hizo las maletas, lo dejó todo y cruzó el charco. A Coruña le esperaba para las próximas tres temporadas. Desde entonces entrena por las mañanas con el Liceo y por las noches con el filial. Entre medias estudia un módulo de FP de Administración y Finanzas. «Llego cansado pero me gusta mucho entrenar. No falto nunca, y más si es con el primer equipo», afirma.

Su relación con el hockey comenzó por recomendación médica. Tenía tres años y un problema en sus rodillas. El pediatra le aconsejó a sus padres que lo apuntasen a hockey. «Les dijo que las rodilleras que se utilizaban me podían ayudar a corregir la postura de las piernas. Después ya no paré», sonrié al recordarlo. Sus padres hicieron caso al doctor. Empezó a jugar en el Racing de Jachal. Después fichó por Estudiantil y su vida se convirtió en toda una odisea. «Yo vivía en San José de Jachal, a 200 kilómetros de San Juan. Recorría esa distancia en bus todos los días para entrenarme». Después de un tiempo, la familia al completo decidió trasladarse a la capital. Y de ahí a España, donde, como buen novato y tras un debut inolvidable, sus compañeros le dejaron claras sus opciones al acabar el partido: «Me dijeron que tenía que pagar unas tortillas o me cortaban el pelo, así que elegí la primera». No tuvo ninguna duda.

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