Vázquez, el zahorí del Dépor


«No sé si somos buenos o malos», reconocía Eneko Bóveda, aún incrédulo por su gol, a la par que impactado por la sexta victoria seguida del Deportivo, en la que hasta hace un mes era la peor temporada de la historia del centenario club. Donde otros veían un pedregal infame de derrotas, jugadores sin pizca de autocrítica y responsables encantados de conocerse, Fernando Vázquez encontraba manantiales subterráneos de victorias cristalinas, torrentes limpios donde enjugar un invierno de temporales y lágrimas, y semanas de tranquilidad donde rellenar la copa de la confianza. Tiene el profesor de Castrofeito algo de zahorí del deportivismo, de Harry Potter en el reino de las situaciones desesperadas y de alquimista de las alegrías imposibles. ¿Quién necesita agitar la varita mágica o el bastón de avellano teniendo su olfato aventurero y esa inteligencia deportiva capaz de remontar abismos y, hasta si se lo propone, abrir las aguas del mar?

«Es un hombre de fútbol», dijo luego Mollejo, y, desde lo obvio, no se puede acertar más. Estas cinco palabras guardan el secreto del resurgir de un equipo renacido. El fútbol y solo el fútbol guarda las únicas claves. Ese deporte que Vázquez ama hasta el tuétano, desde antes incluso de que regresase a casa embarrado de pies a cabeza por jugar en la Liga da Costa. Una pasión tan inabarcable y repleta de matices que nunca se deja de aprender. Por eso, en estas semanas ha sido habitual que acabe el entrenamiento y se tome un café con algún otro maestro del balompié como Xulio Díaz. Porque el fútbol es más que una pizarra y tres vídeos.

El sábado, después del multitudinario recibimiento de la afición a su Deportivo, nada más bajarse del autobús antes del partido, Vázquez corrió feliz hacia la afición arremolinada en la acera contraria al estadio para cantar juntos ese grito que recorre bares, hospitales y escuelas de A Coruña: «Pódese». Esa carrera de diez metros, recogida en vídeo por Torre de Marathón, esconde más claves de la victoria que acabó conquistando su equipo, que toda la cantinela de Pepe Mel y los jugones del Las Palmas en los noventa minutos. Porque el triunfo está en el corazón de las personas y Vázquez ha dotado a sus jugadores de uno común tan grande, que no les cabe en Riazor.

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