Tres supersticiosos y una camiseta


El Dios del fútbol se le presentó un buen día a tres deportivistas supersticiosos. Uno siempre evitaba pasar por debajo de una escalera, otro siempre se daba la vuelta cuando un gato negro aparecía en su camino y el tercero nunca salía de la cama en martes y 13. A los tres se les concedería su gran deseo: la posibilidad de que Djukic volviese a tirar el penalti contra el Valencia. Pero con una condición, lo haría vestido con la camiseta de rayas horizontales. La de la mala suerte. Los tres gritaron «¡sí!», al unísono, mientras cruzaban los dedos. Así de hipócritas son las supersticiones.

«Meigas non hai, pero seguramente por Riazor meigas andan», se escuchaba en la junta de accionistas del Deportivo en un discurso durante el turno de ruegos y preguntas que solicitaba el cambio de vestimenta inmediata. Si alguien piensa que los problemas del Deportivo se deben a que las rayas en la camiseta hayan cambiado de orientación, sentimos informarle de que la vía láctea no se ha formado después de que Hera derramase leche de sus pechos sobre el universo. La mala suerte no existe. Echando cuentas, sobran culpables. Y ninguno es el estampado.

Solo hay una razón para que el Deportivo haya vestido en el año 2019 una camiseta con rayas horizontales. El dinero. O más bien, la perspectiva de poder ganarlo. Desde el club dieron en verano diecisiete volteretas con triple tirabuzón para intentar convencer a la parroquia del profundísimo acervo de una equipación que el Deportivo de La Coruña no ha vestido jamás en la vida. Había que intentarlo. Si se hubiesen ganado partidos, hubiese colado.

La suerte no entra en la ecuación, pero sí lo anímico. Imagine que un día va a una tienda y se compra un jersey nuevo. Lo vio en el escaparate y le llamó la atención, así que se lo llevó aún teniendo claro que no es muy de su estilo. Su familia y amigos le dicen que a dónde va con eso, que no le pega. Pero le da igual. Cuando lo estrena, en la oficina nota como su compañero el de Ponferrada, el extremeño y hasta el nuevo que viene de Fuenlabrada se cachondean de usted. Yo lo donaría a la beneficencia antes de que me deje la novia.

Pero es que en realidad, da igual. Hablemos de meigas si es necesario, cualquier excusa es buena para enterrar esta prenda, sin miramientos, a lo Irureta en Mónaco o a lo Ferguson en Southampton.

Por Lois Balado es periodista de La Voz de Galicia

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