Enfermo en el campo y enfermo en los despachos

TORRE DE MARATHÓN

César Quian

10 dic 2019 . Actualizado a las 10:23 h.

Definitivamente, el Deportivo no está teniendo suerte. Ni en el campo, ni en los despachos. Ni con sus futbolistas, ni con sus entrenadores, ni con sus presidentes. Está enfermo y empeora todos los días. No hay tregua. Solo desgobierno, zozobra y tristeza. Mucha tristeza.

Zas ha decidido abandonar el barco en plena tormenta. En uno de los momentos más delicados de la historia del club, perseguido por una clasificación que pesa como una losa y por un equipo que pasea su indigencia futbolística por los campos de España, abre la puerta y se va. Y ahí queda eso. Lo mismo que en su momento fue valiente hace poco más de medio año para entrar en una entidad en Segunda, con todavía una gran deuda y con numerosos problemas en el horizonte, ahora no ha soportado la presión y ha evidenciado una gran falta de liderazgo: primero aparentando una inacción que ha desesperado al deportivismo y segundo anunciando la marcha del consejo de administración en pleno maremoto deportivo e institucional. La decisión de este lunes parece más una fuga que una dimisión.

La situación no es nueva del todo. Tino Fernández anunció por sorpresa el pasado abril que dejaba el club. En una situación envidiable comparada con la actual, tampoco tuvo la piel dura que necesita un dirigente para encajar las críticas que un sector muy determinado no paraba de dirigirle. Primero se arrugó ante Lendoiro, al decidir retirarse de la causa judicial. Y después ante cierto lendoirismo recalcitrante que le puso todo los palos en las ruedas que pudo y al que dimensionó entonces por encima de sus verdaderas posibilidades.