El Dépor levanta un muro de retales

Xurxo Fernández Fernández
Xurxo Fernández A CORUÑA

TORRE DE MARATHÓN

CESAR QUIAN

Luis César ha rehabilitado a varios de sus futbolistas para formar una zaga de garantías

06 dic 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

A falta de la imprescindible victoria, el principal refuerzo a la labor de Luis César reside en la recién estrenada solidez, obtenida a partir de una zaga inverosímil, cosida a retales. El técnico gallego ha aprovechado a varios de sus futbolistas más señalados por anteriores fiascos para construir una última línea defensiva que suma dos partidos consecutivos sin encajar para el conjunto más goleado de Segunda.

Mujaid sadik

Felizmente reciclado

«Si hubiese dado en Vallecas el nivel que le pido, seguiría jugando. El tema con él es muy claro. Si en Vallecas no duda como dudó, por mí seguiría jugando». Aquellos setenta minutos en el barrio condenaron a Mujaid, retratado por la cámara en los alrededores de los dos primeros goles del conjunto local. Había perdido la marca en el 1-1 (ni siquiera era la de Mario Suárez, autor del empate) y vio pasar el remate que dio la vuelta al marcador. Un par de acciones que le colgaron la cruz de Anquela, pero que para Luis César solo pusieron en duda sus condiciones como central. Reubicado en una orilla, el fabrilista no debe enfrentar de lejos los centros laterales, que le delatan como discreto cabeceador, sino evitar que el extremo adversario los ponga con comodidad. Y ahí el Dépor tiene un filón, porque el riojano es contundente y veloz. En Almendralejo, donde le ganó el pulso a Valín, acusó la falta de rodaje, pero el día en que estrenó el carril de Riazor, su potencia le ayudó a anular a Ernesto y Arribas. En el derbi empezó sufriendo ante Rahamani para sobreponerse en la segunda mitad. Lugo dio la medida de la confianza en la joya del filial: Bóveda, la alternativa para el lateral derecho ante la lesión de David Simón, ni siquiera se vistió de corto.

vasilis lampropoulos

Redimido tras el Montilivi

Para registrar el cambio de Lampropoulos no hace falta recurrir a ninguna frase de Anquela. Basta con rescatar una del propio central griego: «Quiero pedir perdón a aficionados, compañeros y al entrenador por mi error en el tercer gol. Es culpa mía». Labro asumió en la zona mixta del Montilivi la responsabilidad por un desastre a la altura de su rendimiento hasta esa jornada 9. A partir de entonces vino doble ración de banquillo, separada por una cita con su selección, y un retorno al once sustentado en el paso al frente de Nolaskoain y las bajas con las que el Dépor acudió a El Sardinero. Allí Lampropoulos fue capaz de pasar desapercibido, como paso previo al salto de los duelos más recientes, en los que sigue siendo un dolor con la pelota (el pie es difícil de educar a ciertas edades) pero se redime sin ella.