El guardameta de la ilusión


Dani Giménez vino al Dépor a ascender. Con el equipo tan alejado de este objetivo como que lleva varias jornadas colista, es bueno poner delante del espejo a los jugadores y recordarles cuáles eran sus premisas cuando abrazaron la blanquiazul. Y él nunca ocultó la suya. Podía haberse callado, o citar metas colectivas, o hasta hablar de que regresaba a Galicia porque le hacía ilusión colgar los guantes en un equipo de su tierra. Pero no. El Deportivo se repuso de la maldición de los porteros, aquella que llevó a debutar a cinco distintos en una única temporada, de la mano de un futbolista bregado a sí mismo en el Celta B y el Zamora, con varias experiencias en segundo plano en el Rayo y el Betis y que, encima, conoce sin que nadie se la tuviese que contar la historia y la idiosincrasia del centenario club. «Venir al Deportivo fue para mí una bomba de ilusión», reconocía en una entrevista a La Voz hace poco más de medio año. Cada vez que su nombre figura en la alineación a muchos les sigue generando confianza.

Por Pedro Barreiros Periodista de La Voz

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