La plantilla se gana un castigo

La grave situación, con futbolistas reducidos a una caricatura de lo esperado, sitúa a Zas ante la necesidad de tomar drásticas medidas


Riazor se hartó. Con el estadio vacío y la afición crispada. La identificación de la grada con la plantilla ha tocado fondo. Porque el rendimiento de los jugadores sitúa al equipo directo hacia Segunda B. La grada ya ha dado un castigo al vestuario. Y el fiasco contra el Elche sitúa al presidente del club, Paco Zas, ante la necesidad de tomar medidas por el bajo rendimiento de demasiados futbolistas. De las expectativas a la realidad media un abismo. Y el tiempo de la permanencia corre en contra. Los problemas alcanzan ahora a todas las líneas. Un grupo que se confeccionó con un talonario importante, pues el Deportivo partió en verano con el sexto tope salarial de la categoría, lo que indica que se hizo con algunos de los jugadores con mayor caché de toda la Segunda División, pero cuyo rendimiento no es, ni de largo, acorde con sus contratos.

Se desangra el Deportivo con un pobre rendimiento que va ahora de la portería a la delantera. Sin excepción. En la meta, la demarcación que parecía maldita en el Deportivo en la época de Tyton, Pantilimón y Rubén, Dani Giménez se había encargado de dejar zanjados los miedos. Tras un brillante pasado curso, en el que consiguió salvar muchos puntos, el de la portería parecía un problema resuelto, un quebradero menos de cabeza para los muchos entrenadores que han ido desfilando por A Coruña. Pero la actual campaña del Deportivo, colista indiscutible de Segunda, también amenaza con llevarse por delante la sobriedad del meta vigués.

Esta temporada el equipo se fue descosiendo por todas las líneas: podía ser que no funcionaran las bandas, que los centrales fueran una coladera, que el centro del campo no generara juego y que los delanteros no metieran una. Y ahora también Dani Giménez, que ya contra el Málaga había concedido el gol de la sentencia visitante. Pero contra el Elche fue uno de los grandes señalados. Falló estrepitosamente. Porque pudo hacer más en el primer gol, en el que pecó de mano blanda y en el que su impulso con el tren inferior tampoco fue el adecuado. La falta estuvo genialmente botada, pero los porteros también están ahí para algo.

El Elche se adelantó en el primer tiro a puerta, después de unos minutos iniciales en los que el Deportivo transmitía buenas sensaciones. Un gol que dejó en shock al cuadro coruñés, con una bipolaridad alarmante, arrastrada por la carencia de puntos.

Tras el empate, otro error de su portero acabó decantando la victoria para los franjiverdes. A Dani se le escapó un balón que parecía inocente, y con el que acabó concediendo un penalti tan innecesario como claro. Ese sería un segundo mazazo del que el equipo ya no se levantaría. Un segundo error clave, quizás para empezar a abrir el debate de la portería.

Un fiasco generalizado

Los errores de Dani Giménez no fueron los únicos. Sigue resultando preocupante el rendimiento de jugadores como Montero y Aketxe. El central volvió a mostrar carencias de concentración. Fallos en marcas, en coberturas y patadas a destiempo, como la que provocó la lesión del visitante Yacine. Mientras que el mediapunta sigue sin ser el generador de juego que requiere el equipo y, además, cundo retrasó su posición, regaló el balón que desembocó en el 1-3.

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