Una situación desesperada que lleva a disimular debilidades


En la segunda parte del partido en Santander el Deportivo ya empezó a poner en práctica su apuesta por el juego directo. Allí cambió el partido porque el rival dejó de robar balones cerca del área y generar peligro. Esa es la única razón que justifica este estilo, el que el adversario no inicie sus contras cerca del área coruñesa. Porque más allá de eso, hasta el momento los de Luis César tampoco han sido capaces de crear peligro en el área rival a través del balón en largo.

Como mínimo habrá que trabajar mucho más las segundas jugadas.

Con este tipo de propuesta, quizá sea necesario recurrir más a Christian Santos, que tiene en el juego aéreo uno de sus fuertes. En el poco tiempo que pasó en el terreno de juego en Fuenlabrada logró que el equipo mejorara sus prestaciones en la pelea por los balones enviados por alto. Además, habrá que juntar más gente por dentro y eso quizá tenga que pasar por un cambio de dibujo.

Todo se resume en una situación desesperada que te lleva a disimular lo que te hace más débil. La salida de balón desde atrás no estaba yendo nada bien. Ni Álex ni Peru son jugadores que incrustados entre centrales te puedan dar mucha circulación por dentro. Al recurso del juego directo se llega por obligación. Para el portero es mucho más sencillo jugar largo, casi cualquier meta profesional está capacitado para realizar un buen pase a la espalda de la primera línea de presión. A partir de ahí, depende de los receptores y aquí vemos otro aspecto en el que el cambio de configuración de la plantilla te restringe respecto al año pasado.

Quiero pensar que el equipo tiene más capacidades que las mostradas hasta ahora y que todo pasa por una recuperación de la confianza. Pero eso solo se consigue a base de ganar partidos, y en el Dépor todo se convierte en un bucle peligroso.

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Una situación desesperada que lleva a disimular debilidades