Un punto para creer, no para confundir


Las sensaciones que el Dépor ha exhibido durante esta temporada están siendo tan malas que, a poco que haga, se celebra como un éxito. En casa del penúltimo clasificado —el recién ascendido Santander, que solo ha ganado un partido de los últimos 23 disputados— los blanquiazules sumaron un punto que, gracias a la penosa primera parte, llegó a saber a gloria.

Pero la realidad es esa, que sumó un punto frente a un equipo que probablemente la próxima temporada vuelva a estar en Segunda B. Y lo peor es que ese conjunto limitado no hizo más daño en la primera parte precisamente por eso, porque es muy limitado.

Y ahí es cuando el Dépor debió de verse ya tan hundido que, sin necesidad de que Luis César tirara de pizarra, afrontó una segunda parte absolutamente diferente. Fue a por el rival, le robó el balón, abrió el campo, combinó, contragolpeó, marcó, marró ocasiones... Tantas cosas hizo que cambió el ánimo de todo aquel que estaba viendo el encuentro... Hasta que uno levanta un poco la vista y recuerda que el rival sigue siendo ese recién ascendido, que solo ha ganado un partido de los últimos 23 y probablemente regrese a Segunda B cuando finalice la actual temporada.

Así que puesto el empate en su justo valor, ahora hay que confiar que esa buena imagen exhibida en los segundos 45 minutos sirva para que los jugadores, incluido Longo, vean que son capaces de superar a sus rivales y de hacer unas cuantas cosas bien.

La recuperación de Koné, probablemente el futbolista más completo del actual plantel, debe influir también en que este Dépor vaya para arriba. Fuenlabrada tiene que ser el escenario en el que dar continuidad al equipo del segundo tiempo. Lo contrario sería firmar la sentencia de forma anticipada.

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