Ni siquiera el balón parado salva al Dépor

La pérdida de recursos invalida el modelo del Dépor en acciones de estrategia, que le han costado ya siete goles mientras apenas han dado ocasiones a favor


A Coruña

Ni por convicción ni por costumbre. Anquela importó la fórmula cuando estaba en el Oviedo después de ver el jugo que era capaz de sacarle Natxo González. Este verano se la trajo con él hasta A Coruña para que nada cambiara en el Dépor. Salvo el resultado.

El primer entrenador del curso quiso rentabilizar las rutinas generadas la pasada campaña en la defensa de acciones de estrategia. Aprovechar el auxilio de Alejandro Esteve, ese ayudante de Natxo que viajó ida y vuelta hasta Tondela y eligió seguir de blanquiazul sirviendo a un nuevo míster. En su laboratorio se pulió la famosa concentración de efectivos en torno a Dani Giménez que hizo al portero casi inmune al balón parado. Encajó el meta vigués en Tenerife al equivocarse en una salida y cerró el 2018 sin volver a hacerlo. Desde que empezó el curso 2019-2020 ya ha recibido siete.

Empezó enseguida. Con el primer tanto en contra de la temporada; sumado en la cuenta del Oviedo pero materializado por Somma. El italiano desvió hacia su propia puerta un balón centrado a ras de hierba en una falta frontal que el Deportivo quiso contrarrestar con siete de sus futbolistas merodeando el área pequeña. Seis tenía en Vallecas, dos jornadas más tarde, cuando Mario Suárez apareció sin marca en medio de todos ellos para cabecear un saque de esquina y neutralizar el gol de Aketxe. Cinco en el momento en que Escassi adelantó al Numancia chutando por dos veces a la altura del punto de penalti mientras los rivales se limitaban a cruzar los dedos. La trinchera también fue asaltada por el Mirandés de Marcos André, quien puso fin a varios rechaces en un libre directo enviado al área desde muy lejos.

El drama de la estrategia tampoco se solucionó aumentando la brecha entre Dani y su defensa. En Girona, Alcalá le ganó la carrera a sus adversarios, dispuestos en línea sobre la frontal del área grande, y desvió hacia los pies de Marc Gual otro envío lejano a balón parado, facilitando el 2-0. Fue la última derrota de Anquela, reemplazado por otro creyente del acantonamiento para contrarrestar la pelota quieta.

«El año pasado, en estrategia defensiva los dos mejores de la competición fueron el Almería y el Deportivo. Es un buen método y si algo está bien hay que recuperarlo», razonó Luis César antes de medirse al Málaga. Para entonces Esteve, el especialista, había ascendido a segundo del arousano. Villanueva castigó la insistencia, rematando solo en el segundo palo el centro desde la esquina prolongado por Antoñito, más listo que los nueve futbolistas blanquiazules que separaban en ese momento el punto de penalti y la línea de meta.

Segunda diana similar encajada tras el cambio de técnico. En el estreno del gallego, Peckhart amplió la ventaja del Las Palmas en un lanzamiento de falta a mucha distancia abierto hacia una banda donde no apareció ningún visitante. Desde allí conectó Pedri con el enorme ariete, inalcanzable para Valle, encargado de su marca. Todos los futbolistas del conjunto coruñés estaban en su área, pero no era cuestión de número, sino de tamaño.

El conjunto coruñés ha perdido mucha altura este verano. Faltan Marí, Duarte y Carlos Fernández. Sus plazas las ocupan Longo, Montero y Nolaskoain. Quince centímetros menos. El vasco también es fiel a la propuesta aún vigente: «Somos un equipo capaz de defender así». No hasta el momento.

Y la talla pasa además factura en ataque. Cuando Aketxe ha elegido centrar en lugar de chutar a puerta el premio ha sido mínimo. Solo Mollejo ha logrado (ante el Numancia) rematar con éxito una acción de estrategia. Frente al Málaga, Gaku sumó sus balones colgados a los de Ager, con idéntico resultado: peligrosas contras visitantes que desacreditan el laboratorio del Dépor.

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