Luis César, el portero que tomaba apuntes

Devoto de Cruyff, devora libros y se confiesa pragmático: «Tienes que saber jugar a muchas cosas»


Luis César sabe lo que es celebrar un ascenso como técnico. Lo logró con el Racing de Ferrol en el 2004. Con el Nástic, al que condujo a Primera en el 2010. En el 2014 devolvió al Albacete a Segunda. También lo que es sufrir. Su último reto consistió en retirar de la quema al Tenerife. Le dieron cuatro partidos. Lo logró. «Soy de los que cree que un cocinero que hace un solo plato, por muy bien que lo haga, es un cocinero incompleto. Lo mismo que los entrenadores de fútbol». El arousano, que se enamoró del fútbol con la naranja mecánica de Cruyff en el Mundial de 1974, presume de adaptar su librillo, allá por dónde va, a los ingredientes con los que cuenta.

Su etapa de jugador

«La última fila del autobús era mía. Aquellos cinco asientos eran mi biblioteca y mi cama. Era un pez gordo del vestuario»

Confiesa que se gastaba mucho dinero en libros, en tiempos en los que no había internet. «Mientras los demás jugaban a las cartas, yo iba subrayando. Intentaba entender a los entrenadores para tener mi sello propio».

Sus inicios como técnico

«Cuando reviso lo que hacía entonces... ¡Qué mal entrenador era en el 2000!»

Reconoce que la tecnología le ha ayudado mucho para mejorar como preparador. En una conversación con La Voz, publicada en agosto del 2016, cuando dirigía al Lugo, ironizaba sobre sus inicios.

Su visión del juego

«Un equipo estirado es un mal equipo. Uno compacto puede llegar a ser bueno»

Luis César entrenaba al Nástic, y venía de modificar su dibujo para optar por el 4-2-3-1. «Lo importante no es el sistema, es el estilo. Los laterales tienen que subir, pero su función es defender. Los mediocentros deben llevar el ritmo del partido. Los extremos tienen que ser impredecibles para poder hacer daño. Y el delantero, si la pelota está lejos de la portería, tiene que ayudar a subirla, o, si está cerca, rematarla».

Consistencia

«Mis jugadores tienen que disfrutar defendiendo y dominar la estrategia»

El técnico elude la etiqueta de conservador, pero reitera que es fundamental para un equipo saber defender. «No se trata de meterse en la cueva, pero el grupo que no defienda bien no tiene nada que hacer. Es un deporte colectivo y los detalles son decisivos»

Su filosofía

«Prefiero arriesgar y arrepentirme antes que arrepentirme por no haberlo intentado»

A Luis César, como a cualquier técnico, le gusta sumar de tres en tres pero no renuncia al estilo. «Yo quiero ganar, pero tampoco soy un purista, estoy en el medio de los puristas y los resultadistas», desgranaba en La Voz cuando comandaba al Valladolid. «Sé entrenar al patadón y no me molesta quien juega así si lo hace bien, porque a mí lo que me gusta es el fútbol bien hecho, como la comida. Un entrenador tiene que saber jugar a muchas cosas, no solo a una aunque sea bonita».

Disciplina

«El primer regalo para un entrenador debe ser un látigo por si tiene que usarlo»

En una entrevista en La Voz, en marzo del 2006, el arousano contestaba así a la pregunta de si un técnico debe ser más autoritario que cercano. Y añadía: «El siguiente regalo, respaldo, porque si no llegan 80 látigos».

Carácter

«No soy un jeta ni un vividor. Ni pongo a los peores en el campo y dejo a los mejores en el banquillo. Yo me juego la vida».

En su etapa como técnico del Valladolid elevó el pulso a la misma directiva que le había propuesto poco antes la ampliación de contrato. «Yo fui el que les dijo que podía ser precipitado porque los resultados pueden ser volátiles. Si llego a ser un aprovechado no me pasa». El técnico no se escondió de los dardos que recibía entonces del director deportivo, Miguel Ángel Gómez. «Me han echado tres veces, si me echan cuatro no pasa nada».  

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