El Deportivo pierde 6-0 contra el Girona


El Dépor perdió 6-0 en Montilivi. Diga lo que diga el marcador. Porque el doble set en blanco en los partidos de esta semana al que se refirió Paco Zas el lunes, como único posible desencadenante del despido del entrenador, era solo una metáfora. El deambular del equipo en el campo del Girona supone un 6-0 que deja a Anquela al borde de la destitución. Una decisión que, si no se toma antes del domingo, porque las semanas de tres partidos reducen el riesgo de mudanza en el banquillo, solo salvaría un vuelco impensable en el encuentro del domingo contra el Almería. Viendo al Deportivo, pensar en una reacción repentina, contra uno de los mejores de la categoría, parece una utopía.

Por eso a nadie le decía nada que el Deportivo, antes del partido, pese a ser vicecolista, «solo» estuviese a seis puntos del play off. Es decir, una victoria ante el Girona le habría dejado a tres. Porque el auténtico drama del equipo, pese a la vergonzosa situación de los nueve primeros partidos de Liga, con una sola victoria de milagro contra el Oviedo, es su indigencia futbolística. Lampropoulos es titular indiscutible, si vale la frase manida. Porque discutido está, pero juega siempre. El griego —un expediente X a tenor de los primeros informes que lo veían listo para Primera— ha disputado todos los minutos. El síntoma del desastre de una plantilla que por ahora parece un timo al sexto tope salarial. El arreón de dignidad del segundo tiempo y el golazo de Valle se quedan en anécdota. Tras el 6-0 de Montilivi, le toca sacar a Paco Zas. Si no pensase ya en posibles alternativas, sería un temerario.

El Deportivo da vergüenza en Girona

Xurxo Fernández

Los de Anquela, que se fueron con dos goles en contra al descanso, firmaron una de las peores primeras partes que se le recuerdan

El plan tenía una pinta bárbara: la velocidad de Jovanovic para aprovechar el vacío a la espalda de la defensa local. El Girona plantó efectivamente su zaga en la medular, pero el Deportivo nunca logró saber qué había más allá. No hubo balones al espacio para el serbio, que en lugar de correr se vio obligado a saltar. Una torre de metro setenta y cinco que sus compañeros trataron de buscar en todo intento de despeje o envío en largo; siempre mal ejecutados. Como cada acción que emprendió el conjunto blanquiazul en El Montilivi, a donde le tocó llevar esta vez su esperpento a domicilio, para que pudieran disfrutarlo también lejos de Riazor. Los coruñeses concentraron en los tres cuartos de hora clavados que duró el primer tiempo todas las carencias acumuladas en las otras ocho jornadas de competición. A nivel colectivo e individual.

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