Mucho más que tres puntos en Cádiz

Anquela se juega el cargo en un partido en el estadio Carranza en el que el Deportivo aspira a abandonar los puestos de descenso y cambiar la mala dinámica en la que está envuelto


Con ni tan siquiera 80 días de trabajo el proyecto del Dépor llega a su primera reválida. El sábado a eso de las seis menos cuarto de la tarde, cuando termine su partido en el estadio Carranza, el equipo coruñés se habrá quitado ese manto de tristeza y pesimismo que lo envuelve, o se enfrentará a la primera crisis de la era Paco Zas. Como es habitual en estos casos, el cabo más débil sostiene al entrenador. Anquela, minado por el pobre rendimiento de su equipo en solo seis jornadas, durante las que apenas ha cosechado un triunfo y dos empates, se juega la continuidad en A Coruña en noventa minutos y minado por las bajas.

El técnico, con más de 300 partidos en la categoría y media docena de banquillos desde que debutó en el cambio de siglo en el del Jaén, el equipo de su tierra, insistió ayer en que no está preocupado por su situación personal. «¿Si voy a estar en el Dépor toda la temporada? No soy adivino, eso no depende mí, yo solo me ocupo de trabajar y nada más. Eso no me preocupa nada, solo pienso en Cádiz, en competir y en hacer las cosas como hay que hacerlas. Ni lo más mínimo me preocupa lo otro», ha señalado.

Sobre la larga reunión que se celebró el jueves entre Carmelo del Pozo y la plantilla, y a la que Anquela no asistió, el entrenador afirmó que es algo normal. «Me dijo que iba a hablar con la plantilla y es algo correctísimo. También el día del partido (se refiere al del pasado miércoles) por la mañana estuvo el presidente. Todo lo que haga Carmelo es por el bien del Dépor y estoy totalmente de acuerdo en estas cosas», ha indicado, antes de añadir: «Yo estuve en mi despacho trabajando y haciendo las cosas que tengo que hacer y no estuve presente. Cuando le tengo que decir a los futbolistas las cosas, se las decimos sin ningún problema y nada más. Hay total transparencia. Yo con Carmelo me reúno todos los días». A continuación de esa reunión entre los futbolistas y el director deportivo, el propio técnico también se dirigió a su vestuario. «Luego estuve yo con ellos (con los futbolistas) y les dije mi manera de entender esto y que yo no voy a estar en el lado contrario en el que estén ellos, que siempre voy a estar con ellos a muerte, los voy a apoyar y son los que nos van a sacar de esta situación, no hay ninguna duda». Eso sí, Anquela evitó contestar si a su vez el vestuario está con él.

Cuestionado por en qué aspectos del juego había incidido en estos dos entrenamientos tras el partido contra el Numancia para que el Deportivo no caiga en los errores del pasado miércoles, ha contestado: «Solo me preocupa seguir trabajando y hacer las cosas como las venimos haciendo. Tenemos un problema gordo y hay que solucionarlo. No lloro porque me falta fulano, ni nadie. Con lo que tengo lo vamos a sacar adelante. Lo tengo claro: trabajar, creer en lo que se hace y estar más concentrados de lo que venimos haciendo», ha subrayado.

Al respecto del Cádiz, contra el que el Dépor se juega esta tarde mucho más que tres puntos, Anquela lo definió como «el equipo más previsible de la categoría, pero el más efectivo, el que mejor sabe lo que quiere, el que mejor juega dentro de su forma de jugar. ¿Y sabes cómo se llama eso? Cinco años de trabajo, consiguiendo los objetivos y otras veces sin conseguirlos. Los dos últimos años en Oviedo me comparaba con el Cádiz y quedamos por delante de él, pero el Oviedo cambió de entrenador y el Cádiz no cambió nada. Ese es el quid de la cuestión», ha dicho.

Anquela aún tiene crédito

Alexandre Centeno

Solo una debacle en Cádiz precipitaría la salida del entrenador, pero una derrota, aunque fuera honrosa, provocaría que el encuentro contra el Mirandés en Riazor fuera ya una final para el técnico jienense

No hay ultimátum. Al menos, de momento. A Juan Antonio Anquela todavía le queda crédito como entrenador del Deportivo. A pesar de la nefasta clasificación, la pésima primera parte contra el Numancia y el mal cuerpo que dejó el empate final cuando el equipo ganaba por 3-1 en el 87, en la plaza de Pontevedra no se plantean su despido inmediato. Ni siquiera perdiendo en Cádiz. Solo una debacle en el Carranza precipitaría el despido del jienense. Cualquier otro resultado lo mantendría en el cargo, aunque una derrota, por muy honrosa que sea, lo situaría en capilla. Tendría el partido contra el Mirandés en Riazor, una semana después, que marcaría definitivamente su futuro.

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