Un Dépor sin alma, que recordó al pasado


Decía Álex Bergantiños antes de comenzar la temporada que los malos resultados que había obtenido el Dépor la pasada temporada fuera de casa habían sido fruto de que el equipo pecó «de no ser intenso, de no ir a bloque y de no competir en ese otro tipo de partidos que se dan en Segunda» .

Después de una primera jornada en la que los gallegos ganaron gracias a un increíble e inesperado gol de Christian Santos, el conjunto de Anquela llegaba a Huesca dispuesto a mostrarse como un bloque compacto, sufridor y favorito al ascenso.

Pero la imagen de los blanquiazules, lejos de resultar esperanzadora, hizo recordar viejos capítulos. Y no tan viejos, como el de Son Moix. El Dépor de ayer estuvo demasiado próximo al que fue humillado hace solo dos meses en el play-off de ascenso.

Un equipo antagónico a lo que suelen ser los que dirige el técnico jienense. Le faltó identidad. Intensidad. Ímpetu en la disputa de balones divididos. Frescura de ideas. Parecía un equipo pequeño en el campo de un coco.

Es el primer partido fuera de casa y, quizá, frente al máximo favorito al ascenso. Pero resulta peligroso que en una temporada en las que si algo había innegociable era la intensidad, el primer partido haya salido rana.

Vendrán refuerzos, los fichajes se pondrán en forma y el equipo acabará de asumir los conceptos tácticos de su entrenador. Pero si algo ha de preocupar en estos momentos a Anquela es la actitud. No llega con tirar de orgullo diez minutos. Se precisa alma.

Doce batallas perdidas del Deportivo en El Alcoraz

Xurxo Fernández

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No hay técnico más crítico que Anquela con los plazos del mercado estival. Le molesta al míster que las plantillas sigan abiertas una vez que arranca la competición. Sin embargo, en este problema tiene el Dépor su gran baza para remendar la pésima imagen ofrecida en el Alcoraz. A Huesca llegó un conjunto agrietado, incapaz de coordinarse para defender o atacar, y disminuido hombre a hombre frente al rival.

Entre las múltiples desconexiones, la mayor quedó establecida entre el frente de ataque y la medular. Las consecuencias fueron fatales. Mientras el cuarteto ofensivo se vaciaba inútilmente persiguiendo la pelota en desventaja, los centrocampistas y laterales se veían desasistidos ante los avances más o menos organizados del conjunto local. No precisó el equipo de Míchel de una lección de fútbol combinativo; le bastó con no complicarse la vida, rentabilizando los múltiples errores de su adversario para dar forma a una goleada con moraleja. Mientras el Huesca iba a la guerra en bloque, la fórmula de Anquela, o su ejecución, desmembró al equipo, deparando hasta catorce batallas en las que solo Koné y Santos tuvieron alguna oportunidad. Los otros doce participantes dedicaron la tarde a señalar lugares a reforzar.

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