Adiós a Parrocho, el sucesor de Juan Acuña y mito del Deportivo

El exguardameta murió a los 90 años de edad


A Otero, apenas unos pocos le llamaban Juan Ignacio. En su casa era Chucho y, al nacer, Floreal. Para el deportivismo, era Parrocho. El sucesor de Juan Acuña, mito con el que compite en los corazones blanquiazules.

Parrocho se fue a los noventa años de edad, tras una larga enfermedad que le alejó, en cierto modo, en los últimos años de su Deportivo (club en el que militó desde 1952 a 1958 durante 143 partidos, 99 en Primera, y fue trofeo Zamora en 1954) con el que quedará vinculado para la posteridad, a pesar de que también jugó con el Betis y el Granada (donde coincidió con Arsenio Iglesias y Chapela II).

Parrocho solía contar que su madre le había parido en la playa de San Amaro. Se crio en la calle Hércules, en la que también fue vecino Luis Suárez, pero no siempre tuvo querencia exclusiva por el balón. Practicó pesca submarina y fue subcampeón de España de natación en los 100 metros espalda. El Liceo de Monelos fue su escalón previo al Deportivo, al que terminó salvando del descenso a Tercera en su último partido como blanquiazul, contra el Ourense. Antes, en su condición de capitán, fue el primer deportivista que levantó un trofeo Teresa Herrera, en 1955.

El presidente de los Veteranos del Deportivo, Manuel Ríos, Manolete, le recuerda como «una gran persona y gran portero para su época, con una planta imponente, alto y muy bueno bajo palos».

Ya en el Betis de Primera División dejó muestra de todos estas cualidades, además de su capacidad como nadador, ya que en Sevilla siempre lo recordarán con cariño porque fue uno de los más activos en las tareas de rescate de los damnificados por las fuertes riadas que asolaron la ciudad en 1961. Parrocho no dudó en lanzarse al agua para salvar vidas.

Y es que la propia existencia de Otero dio para mucho. Tanto, que fue portada de un tebeo futbolístico, el número 27 de «Ases del Deporte», en el que aparecía atajando un balón aéreo ante un jugador del Athletic Club de Bilbao. El ejemplar costaba entonces (1954) 1,25 pesetas (un céntimo de euro).

Otero vivió de todo en el fútbol. Con el Dépor besó la gloria como sucesor de Rodrigo y Acuña, pero también descendió a Segunda. En el Betis, cuatro temporadas en Primera (1958-1962) le consagraron como uno de los grandes de la historia del fútbol español. Se fue después al Granada, con el que regresó a la máxima categoría, hasta que en el año 1966 el club le quiso aplicar el derecho de retención para prolongar su contrato en contra de su voluntad. El portero coruñés colgó los guantes y decidió volver a su ciudad natal para establecer un taller de mármol, su oficio hasta su jubilación.

Según explicaba el Deportivo en su página web, hoy a las 10.30 horas se oficiará una misa en el tanatorio Servisa.

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