Juan Antonio Anquela, el entrenador del pueblo

Visceral, competitivo y cercano, así describen sus exfutbolistas al que será nuevo técnico del Dépor


Del tono único de Natxo González y José Luis Martí, a la explosividad de Juan Antonio Albacete Anquela. En cuanto el entrenador andaluz (Linares, Jaén, 1957) sea anunciado para el banquillo de Riazor, el Deportivo dará un giro respecto al perfil de sus últimos entrenadores. Más bajo, menos acicalado y con más arrugas. Más real y más del pueblo. Un obrero de los banquillos. Anquela, Anquelotti, como fue bautizado por sus propios futbolistas tras aquel histórico alcorconazo por 4-0 al Madrid de Pellegrini, es uno de los últimos supervivientes de la vieja escuela de técnicos del fútbol español. Profesionales de palabra clara y cristalina, donde el juego se convierte en un ejercicio de competitividad, y que rezuman pasión en todas sus misiones. No será sencilla la que, salvo giro inesperado en las negociaciones, afrontará en A Coruña, donde el equipo blanquiazul aspira a rearmar sus aspiraciones de ascenso a la segunda de la mano de un técnico sin doblez. Este, a su vez, quizá afronte la penúltima ocasión de pisar Primera, más allá de aquellas 21 primeras jornadas de la temporada 2012-13 con el Granada.

Un reto que hasta ahora se le ha torcido. Fue el rey Midas de los modestos cuando guio al Alcorcón a Segunda, y hasta tomó las riendas del Huesca que acababa de desembarcar en la categoría de plata. Dio un salto los dos últimos cursos en el Oviedo, pero no le dejaron terminar. «No estoy seguro si lo que le pasó allí fue a causa de él o del club. El Oviedo lleva muchos años invirtiendo mucho dinero y con ningún entrenador acaba de llegar a donde quiere llegar», recuerda el exdeportivista Antonio Tomás, con quien Anquela coincidió en el Numancia.

El elegido por Carmelo del Pozo es un Cholo Simeone de Segunda, un entrenador visceral por encima de modas y estilos, que gobierna el vestuario como ninguno, al tiempo que colecciona titulares y frases inolvidables. «El Deportivo necesita pasión, coraje y trabajo. Y Anquela los tiene. Podrá gustar más o menos su forma de jugar, pero conoce la categoría y el Dépor necesita gente que conozca la Segunda. Lo que quiere es ganar y su forma de jugar es de ir hacia delante, correr y presionar fuerte cuando se pierde la pelota, y cuando se roba, transitar», explica Luis Fernández, con el que coincidió en aquel Huesca. «Aún hablo mucho con él y con su segundo. Son dos personas en las que confío mucho personal y profesionalmente», añade el que delantero canterano que llegó al primer equipo coruñés en el 2013.

Desde el respeto

Ese carácter cercano, que se repite en todos los consultados, quizá proceda de sus años como futbolista. Llegó a Primera en la temporada 1984-85 con el Elche, donde formó pareja de ataque junto un histórico del deportivismo, Claudio Barragán. «En mi época de futbolista, yo conmigo no hubiera jugado ni un minuto», reconoció Anquela en alguna ocasión. Otro de sus exjugadores, el gallego Diego Bermúdez, quien jugó a sus órdenes en el Alcorcón, abunda: «Es capaz de sacar lo mejor de ti, pero sin presionarte, solo emocionalmente. No es de los entrenadores que te cogen de la pechera. Te hacía un poco de chantaje emocional para conseguir lo mejor de ti, pero siempre manteniendo el respeto», añade.

Para exdeportivista Oriol Riera, al que también dirigió en el Alcorcón, se comportaba en el vestuario casi como un padre: «Trata a los jugadores como si fuésemos hijos suyos, y a mí no me ponía mucho, pero siempre sentía que tenía a un padre al lado. Gestiona el grupo a las mil maravillas y saca el 100?% de lo que tiene».

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El Deportivo, que por entonces era un ciclón en su estadio, recibió al Oviedo el segundo sábado del mes de noviembre del pasado año. Salió estrepitosamente goleado (4-0). La figura de Anquela quedó tocada por aquella derrota, que además había desplazado a numerosos aficionados carbayones a Riazor y que empañó el recuerdo de la jornada anterior, en la que el equipo había empatado ante el Mallorca en casa. Tres antes había tumbado a Osasuna en el Tartiere y en su anterior compromiso como local ganó al Albacete.

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