Fede Cartabia ya está aquí

Santo y seña del proyecto del ascenso el pasado verano, el argentino renace en el momento decisivo


El estirón del Dépor en la promoción ha llegado de la mano de sus atacantes. El espléndido rendimiento de Fede Cartabia, Carlos Fernández, Pedro Sánchez y Borja Valle en el partido de ida contra el Málaga insufla al equipo coruñés una ventaja que puede resultar decisiva en el pase a la eliminatoria final. El rendimiento del argentino en este encuentro, con los puntos álgidos de aquella carrera frenada en falta por Keidi Bare que solo fue sancionada con amarilla y los pases de gol en el 2-2 de Pedro y el 3-2 de Carlos, se convierten en la primera palada de tierra para enterrar la época más gris del argentino, consumido hasta ahora entre lesiones, pocos entrenamientos de calidad, un mal momento psicológico y el gris curso liguero de su equipo.

Pese a que el proyecto de retorno deportivista a Primera División se fundó a partir de su largamente esperada continuidad en el equipo, otros, entre los que se encuentra su compañero Carlos Fernández, le tomaron pronto la delantera como futbolistas más determinantes de Segunda. No en vano, hace demasiado tiempo que a Cartabia no se le compara con Messi. El crac del Barça y el deportivista, este cinco años menor que aquel, comparten origen en la misma provincia argentina de Santa Fe, llegaron a España (en el caso de este a Valencia) siendo unos críos para no tardar en despertar altísimas ilusiones y llevan media vida vistiendo el dorsal diez, aunque solo en A Coruña no ha podido hacerlo Fede aún. «Las comparaciones son odiosas. Messi es Messi y yo soy yo. Un futbolista como Messi nace uno entre miles. Me conformo con ser solo un poquito como él», explicaba en una entrevista cuando todavía era jugador che.

Harto de comparaciones y con una carrera desgastada por las expectativas incumplidas, a Cartabia se lo estaba devorando su propia falta de respuesta y el desplome de un equipo que se encaminaba al desencanto de otra temporada en Segunda División. Hasta que dio un golpe en la mesa en el momento más crítico. Quizá no sea casual que el mejor partido de la temporada del ahora atacante blanquiazul llegase justo después de que Lux lo visitase en los últimos días en A Coruña. A él se había abrazado feliz en su primer gol con la blanquiazul, una de las acciones individuales más brillantes de la temporada 2015-16. Contra el Betis en el Benito Villamarín, Cartabia recogió el balón a veinte metros de la portería, en la clásica posición de mediapunta, y sin pensárselo dos veces lanzó un latigazo imparable con la pierna izquierda. El disparo superó por alto a Adán, que estaba ligeramente adelantado, tocó el larguero y entró.

Autocrítico

Este curso marcó uno espectacular al Almería, donde salvó un punto para su equipo con la colaboración de la mano blanda del portero, pero apenas había vuelto a sonreír vestido de corto. «No me he sentido del todo cómodo y no he podido rendir. Por lesiones o a nivel mental. Somos personas, no es todo tan fácil. Desde el punto de vista individual he sufrido mucho. No he tenido continuidad al principio y en los últimos partidos no he estado al nivel. Soy autocrítico y lo sé», declaraba hace solo unos días un futbolista que puede presumir de que cayó de pie en Riazor, donde siempre ha gozado del favor de una grada rendida al flechazo de sus gambeteos y que siempre le ha perdonado todos los excesos individualistas. «Estoy muy contento aquí, me quieren demasiado para lo poco que he hecho acá. Ahora empieza lo lindo», pronosticaba en enero. Ha pasado mucho tiempo desde entonces, pero la versión más esperada de Fede Cartabia por fin está aquí.

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