El corazón del Dépor vuelve a latir

Carlos Fernández, de penalti en la última jugada, sostiene a su equipo en la lucha por la promoción


Un penalti transformado por Carlos Fernández sirve al Deportivo para agarrarse con uñas y dientes a la lucha por la promoción. La victoria del Deportivo cuando se apagaban las luces de un partido épico y sufridísimo fue celebrada como si de un título se tratase por unos jugadores que se apiñaron encima del goleador sevillano y por una grada que cantó la diana para que se oyese en toda la bahía coruñesa. Pero la victoria no solo ensalzó a un equipo que nunca se rindió, sino sobre todo a un Dani Giménez capaz de salvar al menos un par de goles cantados en la segunda parte y, por supuesto, a la desesperada carrera final de Nahuel hasta el área visitante, donde acabó recibiendo la decisiva falta en el área de Valjent.

Los tres puntos sirvieron al Dépor para que alcance en la clasificación al Cádiz (aunque sigue séptimo por el golaveraje particular adverso) y se sitúe a solo tres del Mallorca. Todas las posibilidades de la calculadora blanquiazul pasan por seguir ganando. Su próxima estación será Elche, mientras el Cádiz recibirá a un Extremadura ya salvado y el rival de ayer tratará de posponer de nuevo la fiesta del Granada. El Dépor, que no ganaba en Riazor desde el 20 de enero, en una nefasta racha de más de cuatro meses sin sumar tres en su estadio, volvió a ganar cuando no le quedaba otro remedio.

Quince veces disparó el Deportivo hasta el descanso, pero entre Reina y la falta de puntería zanjaron sin goles el primer período. Cuando nada más que se le pedían triunfos, ofreció un primer tiempo pleno de intención, alma y corazón. Resultó encomiable su empeño en batir la portería del Mallorca, pero ni por el centro, ni desde las bandas, ni a balón parado acertó a besar la red. Nada más arrancar, Carlos Fernández recibió en la frontal, se giró y chutó alto por poco; ni Valle ni Quique acertaron al cuarto de hora a empalar un saque de esquina; y Cartabia, quizá en su mejor versión del año, la tuvo en un disparo raso desviado por el meta.

Tampoco Bóveda acertó hasta por tres veces: ni él solo tras un error entre Reina y Estupiñán, ni luego de cabeza a centro de Saúl, ni ya en la recta final de esta primera mitad en un franco mano a mano al cabo de un pase de Expósito a Carlos que el sevillano había dejado pasar. Es cierto que el Mallorca sembró temor cada vez que se asomó, pero el campo siempre se inclinó a favor del asedio en toda regla del Dépor.

El carácter de partido sin frenos, lanzado de un área a la otra, se acrecentó tras el descanso, con el Deportivo decidido a deshacer contrarreloj un empate que no le servía para nada. Esta vez las llegadas del Mallorca se multiplicaron y Budimir exigió por dos veces la parada de la temporada a Dani Giménez. En especial, esa en que el meta saltó como un rayo para pegar la manopla a la cepa del poste. Pero Cartabia seguía encendido y a la hora de juego también chutó para que Reina volase. En el cuarto de hora final, mientras los contragolpes visitantes se volvían más y más peligrosos, solo Vicente Gómez, rescatado para la causa, lo intentó con un remate desviado. Hasta que llegó la mágica última carrera y el corazón del Deportivo saltó de alegría.

Historia breve de un penalti

Xurxo Fernández

Del precipitado ingreso al campo de Nahuel al disparo perfecto de Carlos, plan b de Martí para los once metros

De los tres refuerzos de invierno, solo uno entró en la lista definitiva de Martí. Ninguno saltó de inicio al campo. Hasta el minuto 82, cuando Quique quedó tendido en el césped y su entrenador decidió acelerar el reemplazo, Nahuel esperaba paciente en el banquillo. Ahí, en ese instante, arrancó la breve carrera de éxito del extremo argentino en el Dépor. Casi por casualidad. «Estábamos pensando en otra posibilidad de cambio -reconoció después el técnico-. Quizá quitar un jugador de la parte de atrás porque el empate no nos servía prácticamente». Pero dejó la cancha el ocupante del rincón izquierdo y allí se instaló el heredero del 10 que antes portaba Carles Gil, un especialista en pausas, y ahora carga un experto en campo abierto.

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