Al Dépor le sale caro el despilfarro

La falta de ideas y acierto volvió estériles trece saques de esquina y 41 intentos de centro en el derbi, las cifras más altas de envíos al área esta temporada


Fueron tantos que hasta Martí perdió el hilo. «Hemos tenido muchísimos córneres, no se cuántos, y no hemos generado peligro», denunció el técnico del Deportivo una vez consumidos los 96 minutos del derbi. Fueron trece los saques de esquina, exactamente. El registro más alto en lo que va de temporada.

Nunca había dispuesto el conjunto coruñés de tantas oportunidades a balón parado -colgó además sobre el área lucense dos libres directos-; un recurso que había dado muchas alegrías este curso hasta agotarse por desgaste en el momento de mayor uso. Venció el Dépor al Zaragoza en Riazor a mediados de diciembre con dos acciones de estrategia y un tanto de penalti, y se puso segundo a dos puntos de un Granada líder. Desde entonces, un saque de esquina transformado por Bergantiños en su retorno al Molinón, y un cabezazo de Somma, en otro córner en Los Pajaritos. Séptimos, a 17 puntos de un Osasuna ya instalado en Primera y a trece de aquel Granada, que tiene casi hecho el ascenso.

El cambio de fichas en el banquillo coruñés ha tenido consecuencias en la puesta en escena, y cuando la pelota se detiene, el Deportivo ya no ataca ni defiende como antes. Del laboratorio de José Luis Martí ha salido una nueva fórmula para contrarrestar las acometidas de diseño del adversario. Ahora es frecuente ver a Quique tumbado sobre el césped para evitar los lanzamientos bajo la barrera en las faltas próximas a la frontal, y hasta dos jugadores (rápidos y menudos) descolgándose próximos al círculo central para facilitar las contras si la disposición del rival insinúa un centro al área. Así se obliga además a dejar tres marcadores pendientes.

La propuesta ha funcionado tan bien como lo había hecho la acumulación de futbolistas entre palos impuesta por Natxo González. Sigue siendo casi imposible crearle peligro al Dépor sin recurrir al contragolpe o (en menor medida) al juego combinativo. A cambio, los blanquiazules tampoco inquietan al oponente. De ninguna manera.

En Lugo hubo, es cierto, un chut al palo en acción ensayada. Expósito, que ya había reclamado segundos antes un pase hacia la frontal para probar el disparo, se benefició de un aclarado tras saque de esquina en corto y soltó un violento derechazo al travesaño. «Una lástima que fuera al larguero -se lamentaba después el catalán en zona mixta-. Luego, cuando mejor estábamos, nos han metido el gol». Lazo sí encontró la red instantes más tarde para castigar el derroche blanquiazul.

«En la primera mitad tuvimos muchas oportunidades para el último pase, y ese último pase fue erróneo», reflexionó Martí. «En ataque no tuvimos la pausa necesaria para interpretar bien el último pase», coincidió Bergantiños. «Tuvimos momentos de posesión en los que pudimos haber hecho más daño y no interpretamos bien», apuntó, retratando la desorganización que sucedió al 1-0. Hasta en 41 ocasiones pretendió el Deportivo llevar el balón al área con un centro; 29, tras el descanso. Otra cantidad sin precedentes en lo que va de campeonato, reflejo de la impotencia y escasez de ideas de los visitantes, que por las bravas llegaron a rematar siete veces en las inmediaciones de Juan Carlos. Pocas para semejante despilfarro.

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