El derbi de la frustración


El Dépor volvió a pecar de falta de modelo de juego. Ayer vimos que se partió en dos, algo que no le había pasado la pasada semana contra el Cádiz. Otra vez demostró que juega a lo que le plantean los rivales, porque el Lugo sí que se parte habitualmente, es su forma de jugar. En el derbi del Ángel Carro el equipo coruñés salió convencido de que tenía más posibilidades de ganar, simplemente porque sus dos delanteros eran mejores que los del rival, y que esa pegada ya le acabaría bastando para ganar. Pero no se fijó ni en los extremos, ni en el mediocampo. Desde ahí triunfó el Lugo, sin ser superior, porque fue un partido equilibrado, con muchas llegadas al área, pero poca profundidad hasta los diez minutos finales, cuando el Dépor se volcó en pos de la portería rival, pero no por su propio planteamiento, sino ya desorganizado.

Pese a ese gol anulado a Carlos, que sigue siendo polémico aunque se vea una y mil veces, el equipo coruñés, que acudía al derbi de la necesidad, dejó una sensación de frustración. Le faltó ambición y control, especialmente en el primer tramo del partido, cuando tenía que dejar claro que quiere jugar la promoción, que conocía los resultados de sus rivales y no podía fallar. Pero no mostró esa ansia y poco a poco se encontró con un rival que jugó a lo que está acostumbrado y le metió al partido algo más.

Luego, ya a remolque, todo lo que el Dépor hizo se volvió insuficiente. En la próxima jornada derrotar al Mallorca se vuelve imprescindible para seguir con posibilidades de promoción. No queda otra.

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