Elecciones al Real Club Deportivo de La Coruña


El fútbol, como la política y la medicina, despiertan desde el interés a la impertinencia de la gente, permitiéndonos platicar a cualquier aficionado.

Arropado por la insolencia deportiva de la persona que acude a Riazor cada domingo, desde hace tantos años, me atrevo a comentar el tema candelero de las elecciones presidenciales al Deportivo de La Coruña. El plebiscito no surge, de manera principal, por la mala marcha deportiva del equipo, sino por la decisión de la junta rectora de abandonar el buque, ante los gestos de desaprobación de una parte de la hinchada en el estadio, capaces de diluir las ilusiones acaparadas durante años. Tino Fernández es un gestor reconocido, capaz de rescatar al club de la bancarrota y por ello cuenta con el respeto y la consideración, de la mayoría de los seguidores. Conoce el fútbol, lo suficiente, para continuar siendo un buen presidente, si acertase a rodearse de profesionales deportivos capaces y alejase la emotividad deportivista a ultranza en sus decisiones.

Pero el fútbol es el teatro actual, y el público se olvida de inmediato del actor principal dimisionario, que ya parece retirado definitivamente y se entretiene enseguida con el trabajo de los tramoyistas, que hablan de los candidatos a futuros actores, la mayoría procedentes del elenco local con la inclusión de alguna supervedette foránea, que se ven capaces de montar el nuevo espectáculo. Lo bueno es que los hilos de la escenografía están en manos de los accionistas del club, que somos muchos, y, por tanto, la decisión no es de unos pocos como ocurre en muchos equipos de la Liga. Eso sí, tendremos, en este tiempo de crisis, que pasar por los ensayos sucesivos, hasta que el actor principal sea elegido en la representación final. Lo que sería bueno es que el nuevo fuese capaz de crear la infraestructura a largo plazo, de un club gallego saneado, con la incrustación de alguna joya futbolística asequible pero sin olvidar que, lo decisivo en el fútbol es que la pelota entre y llegue el gol, porque lo cambia todo; aunque, a decir verdad, el azar también sufre variaciones positivas, si en el campo están figuras como Bebeto, Valerón, Donato y Mauro Silva.

El gestor que llegue debe rodearse de un equipo de gente buena y válida, capaz de controlar el caserón, sin prisas, desde los cimientos de la base infantil al último piso del equipo profesional. ¡Ojalá encuentre el edificio emplazado en la avenida de la Primera División¡ El amor al club, si es mucho, debe permanecer recluido en la buhardilla de la casa, para que no le produzca desazón y sufrimiento en los momentos difíciles. La afición y los afectos sí que se mueven a la par, forman parte de la misma palabra y los aficionados nos dejamos llevar por las emociones en cualquier situación, aunque acaben con un buen presidente. ¡Suerte!

 Francisco Martelo es cirujano plástico y secretario general de la Real Academia Gallega de Medicina

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