Álex Bergantiños: «Cuando tocas fondo, lo primero es simplificar y a partir de ahí, crecer»

El capitán analiza el resurgir del conjunto blanquiazul tras los dos triunfos seguidos logrados


Se iniciaba el año 2014 y el Deportivo se encontraba inmerso en un convulso proceso electoral. En enero, Tino Fernández accedió a la presidencia del club y el 1 de junio el equipo lograba el regreso a Primera División. Entre ambos acontecimientos, en la Sagrada Familia nacía Daniela Bergantiños. Cinco años después, el Dépor vuelve a encontrarse en Segunda División. También hay elecciones. Y, en la Sagrada Familia, la familia Bergantiños se encuentra a la espera de que Daniela tenga un hermanito. La cábala perfecta. Esa a la que se apunta el capitán del Deportivo para soñar con regresar a Cuatro Caminos. «¿Dónde hay que firmar?», se apresura a decir el experimentado centrocampista cuando lo imagina. Pero reacciona rápido y se centra: «Vamos a pensar en la promoción, que no está fácil. Debemos ir paso a paso».

-El equipo regresa a casa tras caer frente al Extremadura. Desde entonces, el consejo ha anunciado su retirada y el Dépor ha ganado dos partidos. Parece que ha pasado un siglo.

-Esto es así de intenso. Y esa intensidad hace que parezca que hace más tiempo que sucedieron las cosas. Pero bueno, quedan cinco partidos, que son determinantes y ahora ya no valen excusas.

-¿Cree que este tiempo ha venido bien?

-Sí. El equipo tocó fondo el día del Extremadura: por imagen y sensaciones. En Pamplona habíamos estado mejor, empezábamos a notar la mano del nuevo entrenador, algunos conceptos... Pero ahí dimos un paso atrás. Ahora, estos partidos fuera, gracias a los resultados, nos han venido bien. Además, nos ha sentado bien estar fuera juntos tanto tiempo, viajar en bus... Nos ha dado un punto de humildad y unión. Nos vimos tan abajo que no podíamos ir a peor. Y eso nos ha valido para reforzar la unión

-¿Algo parecido a la anécdota de Arsenio camino de Bilbao cuando pasó por Eibar y les dijo a sus jugadores que recordaran Ipurúa para no volver?

-La plantilla que está aquí ha vivido mucho en Segunda y sabe que este tipo de desplazamientos también se da y más en equipos que están en ciudades en la esquina. Lo digo más por el hecho de convivir todo el fin de semana. Coges el avión y a lo mejor cada uno va más a lo suyo en una esquina. El bus une un poco más. Fomenta un poco más el sentimiento de cohesión y eso creo que se ha notado en el campo.

-¿Han hablado mucho durante estas dos semanas?

-No, se ha hablado más en otros momentos. En el mes de marzo, por ejemplo, con todos los partidos que había en Riazor. También antes de viajar a Oviedo. Quizá hasta mantuvimos demasiadas charlas. Ahora la situación es diferente. Nos vimos en una situación límite, de poder echar todo por la borda y reaccionamos. Ahora se habla menos y se concreta más. Estamos guiados por otro entrenador y han cambiado cosas. Está acertando en el hecho de simplificarnos todo. Cuando vienes de tantas dudas, eso ayuda mucho. Estás en un momento tan crítico, que el hecho de que te lo simplifiquen es el primer paso para salir de ahí. Se está viendo los partidos. Dos cosas básicas y a partir de ahí crecer.

-Vamos, que usted es de sota, caballo y rey.

-No es tanto eso. Pero sí es cierto que cuando todas fondo como sucedió aquí hay que empezar por eso para sobrevivir. El míster lo tuvo claro y nos dio esa seguridad. Estábamos muy perdidos. Con muchas dudas. Los dos últimos partidos de Riazor el equipo se mostró desesperado. No tenía claro cómo presionar. Cómo colocarse. Y eso provoca que corras en vacío. Que te muestres peor de lo que eres. Y, para salir de esta situación anímica grupal e individual, la primera piedra es simplificar, ser un bloque como equipo, y a partir de ahí crecer.

-¿En qué momento empiezan a no creer en Natxo González?

-El hecho no creo que sea que dejáramos de creer en el entrenador. Lo que pasó más bien es que cambiaron las dificultades que nos encontramos. A principio de temporada parecíamos el equipo grande que iba a dominar. Los rivales venían a esperarnos y salir a la contra. En marzo llegó ese tramo de Liga en el que debíamos pegar el estirón. Pero nos encontramos con rivales que nos apretaron más arriba. Que nos iban al cuerpo a cuerpo. Y eso nos costó. Se vio una carencia que tuvimos durante todo el año. No es casualidad que el equipo bajara mucho en todos los partidos fuera en la primera vuelta. En ese tipo de juego nos faltaban recursos o capacidades. Frente a equipos más intensos, físicos, que apretaban arriba, venían a tener el balón y te hacían correr, nos generó frustración y no supimos responder a eso. Ahora, hemos superado esa fase crítica. Asumido dónde y cómo estamos. Que no somos superiores al resto. A partir de ahí tratamos de crecer recuperando la intensidad y seguridad. Jugando juntos. Ganando partidos feos, como el de Zaragoza. Porque, en el fondo, eso es la Segunda: ser competitivos.

-¿Discrepa entonces de los que dicen que el Dépor tiene la mejor plantilla de la categoría?

-No, no. Yo también creo que tenemos la mejor plantilla. Si analizamos los 25 jugadores, contamos con el grupo más completo porque no hay mucha diferencia entre titulares y los del banquillo. Otros equipos tienen once o catorce jugadores de los que tiran. Y a veces les sale bien: el Huesca el año pasado o este el Osasuna, Granada o Albacete. En esos once, hay mucha igualdad.

«No por protestar más al árbitro se es más líder o se logra un mayor rendimiento»

Es el capitán. El referente del deportivismo en el vestuario. El hombre que porta el brazalete. El que está en las malas. Y confía disfrutar de las buenas. Ese que nunca dice al exterior una palabra más alta que otra, pero predica en el vestuario. El mismo que tiene que escuchar con disgusto que al Dépor le falta un líder: «No por protestar más al árbitro se es más líder o se logra un mayor rendimiento», asegura.

-¿Qué siente cuando escucha que a este equipo le faltan líderes?

-Está claro que no es agradable. Pero yo tengo la conciencia tranquila. Este año el trabajo de grupo ha sido excepcional. Ha habido máximo respeto de cara al entrenador. Es muy fácil pedir líderes en el campo. Pero, ¿quién es un líder? Messi es un líder porque marca diferencias. Pero en esta categoría, con el nivel que tenemos todos... El liderazgo lo va a marcar el colectivo. El equipo ha funcionado bien, luego en conceptos tácticos o de rendimiento no es tanto la parcela de los capitanes.

-Se les achaca más allá de control del vestuario el dominio de la situación en el campo, del árbitro...

-No por protestar más al árbitro se es más líder o se logra un mejor rendimiento. A veces, si eres más dialogante, pues puedes encontrar más empatía y gestionar mejor algún otro momento. Es más cuestión del ruido que pueda haber en la grada lo que pueda influenciar, y cada vez menos, en una decisión u otra. Pero cada vez influye menos el entorno. A nivel interno lo que tienen que hacer los capitanes es que la gente respete lo que se nos pide. Ayudar al compañero, gritar si no está cumpliendo lo que se pide, también. Pero guiar. Por gritar sin más, no vas a conseguir nada. Sí es bueno conseguir que todo el mundo crea en una idea.

-¿Cómo lleva, como capitán y accionista, el proceso electoral?

-Ya lo dije en alguna ocasión. Lo que más me preocupa es que de este proceso no salga dañado el club. Que haya una estabilidad. El Deportivo necesita tranquilidad y estabilidad para tratar de crecer durante los próximos cinco años. No sé más que lo que leo en prensa porque más allá del mensaje de tranquilidad que nos mandó Tino Fernández cuando vino a vernos al vestuario, no sabemos mucho más. Pero es que a la plantilla, en realidad, la composición del consejo no le afecta en exceso porque nosotros los vemos en los viajes y poco más. El día a día es con la gente de Abegondo. Así que como más le puedo hablar es como deportivista y lo que pido es eso. El presidente que me prometa estabilidad, tiene mis pocas acciones (se ríe).

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