Pedro Sánchez, entre el rencor y la reivindicación

Pedro Sánchez se redimió ante la hinchada del Dépor marcando un gol clave en La Romareda, donde ya había anotado como local y como visitante


Cuando las relaciones son tan breves que se multiplican los ex, resulta casi imposible evitar el encontronazo con aquello que representa un pasado prometedor. Pedro Sánchez fue ídolo en La Romareda, donde protagonizó la opción más clara que ha tenido el Zaragoza de retornar a Primera. Jugó los 360 minutos de una promoción de ascenso descontrolada que el conjunto aragonés abrió levantando un 0-3 en el campo del Girona y cerró desperdiciando un 3-1 en Las Palmas. Los maños salieron del penúltimo partido convencidos de tener medio ascenso en el bolsillo. Marcó Diego Rico, marcó William José y marcó Pedro Sánchez. El séptimo gol del de Aspe en su primera temporada en el club. Hubo otra más, con tres dianas, y se acabó el amor. Las cuatro campañas prometidas se quedaron en dos. El extremo recogió las maletas y se volvió a casa. Al Elche, a un paso de su localidad natal.

Con los de la franja verde retornó a La Romareda tres meses más tarde y el reencuentro fue cruel. El futbolista no solo no se privó de celebrar sus goles, sino que festejó con más ganas que nadie los de los demás. Metió el centro del primero de Pelayo, a quien se abrazó eufórico en el 0-1, y también cuando hizo el 0-3. Aquel día el despecho no pasó de una asistencia, pero en su segunda visita, la temporada pasada, Pedro ya se atrevió a anotar.

Estreno con el Granada

Fue su estreno goleador con la camiseta del Granada, el del 1-1 que se registró al final del duelo de la jornada 2. A los 24 minutos de la cita, el jugador de vuelta se ocupó de lanzar una falta en la frontal y colocó el balón medido bajo los pies de la barrera, que saltó. Pedro Sánchez se presentaba ante Natxo González (entonces técnico del Zaragoza) y aprovechaba para volver a tomar medidas a la portería en la que el sábado introdujo su segundo gol en blanquiazul. El primero lejos de Riazor.

En agosto del 2017 puso el cuero pegado al palo derecho del marco que defendía Ratón. El mismo lugar, exactamente, en el que murió el disparo que hace unas horas batió a Christian Álvarez para reinstalar al Deportivo en zona de promoción.

Minuto 84 de encuentro, tres después de que el extremo saltara al campo para ocupar la plaza de Carlos Fernández y el lugar de Fede Cartabia, que no había sabido exprimir el costado diestro a pie cambiado. Lo consiguió Pedro Sánchez en el segundo balón que tocaba, coincidiendo con el primer disparo a portería del conjunto de José Luis Martí. «Me tendría que poner en pie por la profesionalidad de Pedro», aplaudió después, en sala de prensa, el entrenador. No había otro en el Dépor tan acostumbrado a ver puerta en La Romareda, ni a ganar allí. Le bastó con recordar.

Fenomenal envío de Expósito, descuido de la zaga local, y el 15 de los coruñeses corriendo a la banda a enseñar la A. Marca de cada una de sus dianas -en honor a su pareja y a su hijo-, ya esgrimida en la victoria frente al Reus en Riazor. Entonces fue Vicente el que hurgó en el despiste de un defensa para asistir, facilitando el derechazo al ángulo y la celebración.

Aplaudió la hinchada el desmelene de un futbolista diésel con quien no ha logrado comulgar. La constante rotación del alicantino -once, banquillo, grada- ha estimulado las sospechas del aficionado coruñés. Pedro fue reprobado con silbidos hace dos jornadas en el 1-2 del Extremadura, cuando empezó de interior y acabó de lateral. Un sonido similar escuchó el sábado, al pisar el césped de La Romareda para golear, despechado, entre el rencor y la reivindicación.

Pitado en su regreso a Zaragoza: «Esto pertenece al fútbol, es lo bonito y al jugador le encanta»

«Mi trabajo es rendir al máximo siempre. Por circunstancias el año pasado y este me ha tocado marcar aquí y espero que el Zaragoza se salve lo antes posible porque se lo merece por la afición y por los jugadores que tiene». Pedro Sánchez acudió a la zona mixta de La Romareda a describir sus sensaciones tras marcar en un estadio en el que actuó como local y en el que la hinchada lo recibió el sábado entre silbidos. «Esto pertenece al fútbol. Es lo bonito y al jugador le encanta», proclamó antes de calificar a la maña como «una afición maravillosa».

 

Quiso aclarar que los abucheos no habían servido de aliciente extra. «Mi motivación siempre es la misma -sostuvo-. En La Romareda o en cualquier campo. Siempre intento ayudar a mi equipo lo máximo y ahora por circunstancias he ayudado lo más que se puede».

Así definió su auxilio al Dépor: «Era un balón complicado a la hora de cruzarla, el portero estaba bien colocado, pero le he dado con toda mi alma». Marcó las diferencias, pese a lo que diga su humildad: «Esto es gracias al equipo, que ha creído hasta el final». Hasta que Pedro volvió.

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