Hijos de un mismo rombo

Íñigo Eguaras, compañero de posición de Edu Expósito, comanda el juego del centro del campo del Zaragoza desde la llegada de Natxo a La Romareda


Edu Expósito, además de ser futbolista, es futbolero. Es decir, que el tiempo libre que le da el fútbol lo llena con más pelota. Cuando, ya sin las botas, se pone frente a una retransmisión sus ojos caen de manera automática en la labor de sus compañeros de posición.

«El Zaragoza es un equipo que domina muchas facetas del juego. Íñigo le da una estabilidad muy buena, tienen laterales muy profundos y dinamita arriba», comentaba esta semana el jugador del Dépor en sala de prensa.

El tal Íñigo es Íñigo Eguaras (Antsoain, 1992). El mayor de dos hermanos futbolistas que llegó a La Romareda en el verano del 2017 para cubrir las demandas que Natxo González propuso a Lalo Arantegui, director deportivo de los maños, durante las reuniones para confeccionar la plantilla. El entrenador necesitaba jugadores que se adaptasen a su idea de juego, con cuatro futbolistas dibujando un rombo en el centro del campo.

Eguaras fue rescatado del Mirandés, que venía de perder la categoría el curso anterior. A salvo del infierno de la Segunda B, Natxo González lo asentó en la titularidad desde la primera jornada ejerciendo desde el vértice derecho del rombo. Como el equipo no carburaba, el vitoriano dio un ligero lavado de cara a su dibujo y también al emplazamiento del jugador, que pasó a organizar el juego desde la posición más cercana a la defensa. Creció él y creció el equipo con el cambio para firmar una de las mejores segundas vueltas vistas en la categoría.

Eguaras no es un último pasador, es más bien un descubridor de caminos. Un minero del centro del campo, pero con más calidad que músculo, más de escuadra y cartabón que de pico y pala. Alumbrando las rutas de los jugadores de tres cuartos de campo, arrastrando rivales con su capacidad para filtrar balones con precisión. El fútbol fácil, ese tan difícil.

Eguaras repite galones con Víctor Fernández y en tan solo dos años ya luce el brazalete con los colores de la bandera maña ante las ausencias de Zapater, Javi Ros y demás pesos pesados. El Zaragoza se ha apresurado a ofrecerle la renovación por tres temporadas más, pese a que aún tiene contrato hasta junio del 2020. El jugador ha rechazado la primera oferta, escasa económicamente. Quiere más. El club blanquillo esperará a que la salvación sea segura para hacer una nueva intentona.

El éxito del futbolista vasco -canterano de Lezama- se cimentó bajo la geometría de Natxo. Igual que el de Edu Expósito. El catalán, también inquilino de la esquina derecha del rombo durante casi toda la etapa del exentrenador del Dépor en A Coruña, guarda muchas similitudes con el juego de Eguaras. Ambos, correligionarios del fútbol de cabeza alta, de buen trato pero poco sobe de balón.

Tanto Edu Expósito como Íñigo Eguaras están entre los mejores pasadores de la categoría de plata del fútbol español. El del Zaragoza pasa más y pasa algo mejor. Completa una media de algo más de 53 envíos por partido con un 85% de efectividad. El deportivista está en un 83% de acierto con una media de más de 30 pases completados por encuentro, pero suma tres asistencias por ninguna del jugador a las órdenes de Víctor Fernández.

Eguaras se ha perdido 12 compromisos ligueros este curso. Uno de ellos el de la primera vuelta en Riazor, cuando Alcaraz dejó de contar con él. Ambos enfrentarán su fútbol de esmoquin sobre el césped de La Romareda. Otro aviso para los coruñeses ante un equipo de más peso que el que la tabla le otorga en puntos. Y Natxo González, padre balompédico, en su casa.

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