El epílogo de Tino Fernández


Dentro de unas semanas, Tino Fernández será historia del Real Club Deportivo. Pero a estas horas un frío comunicado resume el primer paso de su camino hacia la puerta de salida. De aquí a junio, cuando definitivamente entre otro presidente en la plaza de Pontevedra, tiene la oportunidad de saber marcharse, porque luego se convertirá en lo más parecido a lo que Felipe González definió como un jarrón chino. Un elemento incómodo. Sabrá mucho y deberá hablar poco para no resultar cargante contando batallitas y dando recetas desde el otro lado de la barrera. De entrada, el casi expresidente consumó el siempre difícil y honroso ejercicio de renunciar a un cargo en un momento en el que no parecía peligrar su mayoría en las juntas de accionistas y sin que el ruido en las gradas de Riazor fuese todavía ensordecedor en su contra. Pero de lo que suceda de aquí al verano dependerá parte de su balance al frente del club, que empezó a torcerse con sus últimas decisiones deportivas y el descenso a Segunda.

Probablemente un agónico regreso a Primera desde el play-off o una ordenada transición ya no van a colmar los sueños con los que Tino Fernández accedió a la presidencia del club. Pero para la entidad, para el deportivismo, resulta fundamental lo que suceda en las próximas semanas. La diferencia entre jugar en Primera o en Segunda, ahora mismo, es de varias decenas de millones de euros. Así que de aquí a junio debe fijar todos sus esfuerzos en ese improbable ascenso.

Es necesario que dé explicaciones al deportivismo y exija una reacción a la plantilla. Hay demasiado dinero, prestigio e ilusiones en juego como para que Tino Fernández ejerza un liderazgo en las últimas semanas de su mandato. Sin comprometer el club con decisiones que lo hipotequen o vayan mucho más allá del verano, pero con la valentía para compartir los porqués de su marcha y azuzar al máximo a la plantilla hacia un objetivo ahora tan difícil como irrenunciable.

El balance de su mandato como presidente parece esbozado: éxito en lo económico, orden en la gestión y decepción en lo deportivo. Pero de lo que suceda en los próximos meses, también bajo su responsabilidad, dependerá el epílogo de una etapa difícil que inició con valentía, transitó con diplomacia y está todavía por ver cómo termina.

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