«¿Venís muchos?». A Toché lo pararon unos chavales a la puerta del hotel de concentración. Querían la foto de hace cinco años, cuando el delantero sumó sus goles a los del ascenso coruñés. Posó cuatro veces con la breve representación de los cientos que ya se repartían por los rincones de Oviedo, tomando por anticipado la ciudad. Llegaron muchos, muchísimos, respondiendo a la pregunta del antiguo ariete coruñés. La noche previa al partido, en la ciudad asturiana ya eran multitud las camisetas del Dépor abrigando a los aficionados distribuidos por el casco antiguo, con epicentro en la bulliciosa calle Gascona.

Los cánticos de los seguidores coruñeses encontraron eco en los paseantes ovetenses, especialmente cuando la letra hacía sangre en el Sporting y en Gijón. Las buenas relaciones con la hinchada carbayona se tuerce 25 kilómetros al norte y esa unión frente al enemigo común se tradujo en escenas de confraternización que se repitieron durante el almuerzo previo a la cita, cuando no hubo terraza de bar sin bufanda deportivista. También en los aledaños del Carlos Tartiere, donde las gargantas visitantes sonaron solas durante toda la previa aprovechando la ventaja de una protesta que retrasó doce minutos la entrada de los más bulliciosos entre los de casa. Dani Giménez fue el primero en salir y desató una ovación que se sostuvo hasta crecer en intensidad antes del pitido inicial al grito de «que bote Riazor».

Después llegó el gol de Bárcenas, coincidiendo con la toma de asientos del grueso de la afición asturiana que amagó con imponerse hasta que apareció Quique, reenganchó a los suyos y Riazor volvió a botar.

El dúo mágico salva un partido gris

pedro barreiros

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Se esperaba un Deportivo alegre, pero las buenas noticias volvieron a lidiar con la preocupación. Si en el Nuevo Tartiere ofreció alguna de cal, el regreso de la dupla formada por Quique y Carlos Fernández que tantos puntos le ha dado y el decimocuarto gol del pichichi, también sufrió unas cuantas decepciones, como la endeblez por las bandas, los nervios de Duarte, la falta de respuesta de Vicente Gómez o los problemas para responder al desafío de una recta final de partido que se pasó encerrado en su área.

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La toma de Oviedo y del Tartiere