El (des) crédito de Tino Fernández


Ocho entrenadores, dos directores deportivos y más de setenta futbolistas para volver al punto de partida: una pelea a vida o muerte en Segunda. Son los números futbolísticos de Tino Fernández al frente del Deportivo desde que el 21 de enero del 2014 accedió a la presidencia.

En este tiempo ha conseguido reflotar económicamente una sociedad condenada a la desaparición. Sin acuerdo con Hacienda para el pago de casi cien millones de la deuda privilegiada. Un débito total de ciento sesenta. El mayor concurso del fútbol español. Una herencia dejada por Lendoiro que incluía pleitos e impagos a la Agencia Tributaria que no figuraban en el guion.

Puso todos los huevos en el cesto de la gestión y logró bienestar económico. Mientras reflotaba la nave, ha dotado a la sociedad de una estructura de la que carecía, ofreciendo una imagen de club del siglo XXI. Los trabajadores han pasado a saber que cada mes cobrarán puntualmente. Y, lo más importante, logró un crédito de Abanca con el que saldar la deuda con Hacienda y afrontar un plan de pagos más cómodo.

Un acuerdo con la entidad financiera que hacía prever días de vino y rosas. Más dinero. Más presupuesto. Más tope salarial... Pero Tino Fernández volvió a suspender en la asignatura que tiene atravesada: el fútbol. Cinco años después de su llegada a la plaza de Pontevedra no ha conseguido ser fiable ahí, en el 105 x 68.

Tras el desastre de la pasada temporada, el dirigente hizo borrón y cuenta nueva. Incluso decidió dar un paso al lado y dejar a Carmelo del Pozo con mando en plaza. Y no solo en la parcela balompédica. Director deportivo nuevo, cuerpo técnico nuevo y más de una docena de incorporaciones en la primera plantilla. Insuficientes hasta ahora para disfrutar de una cómoda travesía.

Y así llega al tramo más importante de la temporada. Tiene al equipo quinto, a siete puntos de la plaza directa para el único objetivo válido: el ascenso. El mercado invernal apenas sirvió para incorporar a un joven con proyección y dos veteranos parches. La relación del área deportiva y la médica se encuentra anclada en permanente tensión, trasladada al exterior por Natxo González y Carmelo del Pozo. Y Riazor, que nunca ha dado la espalda, empieza a preocuparse por el desenlace del campeonato.

El calendario se agota y el que fuera entrenador de baloncesto llega a los minutos finales de este particular duelo con la necesidad de pedir un tiempo muerto con el que transmitir una jugada maestra a su equipo. En tres meses se juega mucho: un ascenso, un futuro y su (des) crédito.

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