Edu Expósito se resume en tres palabras


Dos caños en tu debut. Así es fácil enamorar a la grada desde el primer día. El caño, también llamado túnel, es una acción arriesgada en lo táctico y en lo anímico. Es frívolo en parte, pero requiere técnica. No se suele pensar demasiado, aunque tampoco es un reflejo inmediato. Un caño dice, sobre todo, mucho del carácter de un jugador. Un arma de calibre bajo en lo futbolístico pero munición pesada para humillar al rival. Y eso gusta.

Joni Montiel se tiró dos en su debut con el primer equipo y, en uno de esos partidos que quitan las ganas de volver a Riazor, ver a un chaval con ese desparpajo y maneras es un analgésico contra la rabia. Y hasta ahí, porque todavía no sabemos qué tipo de jugador es Montiel. Porque de caños no se vive, como mucho se malvive una temporada. ¿Se acuerdan de Emre Çolak?

Edu Expósito es ya otra cosa. Que esto es Segunda División, vale, pero si se repasa la lista de mediocentros creativos que ha tenido el Deportivo en los últimos diez años, ¿quién atesoraba esa clase?, ¿quién mezclaba así la elegancia con la inteligencia? Guilherme, Borges, Fajr, Medunjanin, Juan Domínguez, Antonio Tomás, Juan Rodríguez... ¿Alguno les despertó un espontáneo «qué bueno eres» en la zona donde realmente se cocina el fútbol? El faro del Fabril de Parralo te saca esas tres palabras de la boca. Con un «simple» control, con solo su forma de levantar la cabeza. Y lo dices en alto. Aunque no tengas a nadie cerca y estés viendo el partido mientras trabajas en la cabina de peaje de la autopista menos transitada del mundo.

Mérito para el que lo encontró y para el que lo puso a jugar. Hay que cuidarle. Para retenerle estaría bien ascender. Y para ascender, estaría bien ganar al colista en casa.

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