El Dépor se teje su propia media inglesa

Los meritorios triunfos a domicilio no se están viendo refrendados en Riazor ante rivales de menor entidad


«Seguimos sin perder», dijeron; y no hay frase más traicionera. Amago de optimismo esgrimido primero por el entrenador del Deportivo y después por el capitán del conjunto blanquiazul. Síntoma preocupante cuando la reflexión pretende servir de resumen a un encuentro en casa frente al colista. Natxo González y Álex Bergantiños coincidieron en el diagnóstico con solo unos minutos de diferencia, como si el coro partiera de un pacto de vestuario para quitar hierro verbal a un resultado doloroso que se suma a otro, el penúltimo, que no lo fue menos.

Si ante el Tenerife la sensación que dejó el paso atrás fue de impotencia, con una medular de circunstancias superada por la clarividencia visitante, el descalabro contra el refundado Nástic (aún en fase de ensamblaje tras las múltiples idas y venidas del mercado de invierno) se explica mejor en torno a la complacencia. Hasta el gol, porque este se daba por supuesto; y después, porque este bastaba.

«Antes lo ganábamos todo en casa y ahora fuera», prosiguió ayer el míster, tejiendo así para el Dépor su propia media inglesa. Las victorias son un nuevo producto de exportación, mientras el público de Riazor debe conformarse con ver pasar los puntos de uno en uno. La dedicación con la que toma el plantel campos tan difíciles como el Molinón o los Cármenes convertida en peligrosa suficiencia.

Advertidos venían, los de casa. «Somos mayorcitos y tenemos experiencia. Nosotros nos jugamos mucho y ellos se juegan muchísimo. El Nástic ha hecho milagros en la segunda vuelta para mantener la categoría. Si no estamos a nuestro mejor nivel no ganaremos el partido», había manifestado Natxo en la previa del encuentro, enseñando la venda. «Tenemos que salir muy concentrados, que no nos pase lo del Tenerife», recalcó enseguida, reclamando la tensión propia de quien sabe lo que supone dejar pasar oportunidades en una categoría tan perra.

Sostuvo también el técnico que con solo ganar los encuentros que restaban como local, el Dépor ya iba a andar «ahí, ahí» en su objetivo del ascenso directo. Consumada la primera decepción tras sus palabras, eligió otras: «Seguimos sin perder». Después las repitió el capitán, pero deslizó una coletilla: «Seguimos sin perder partidos». Porque el Dépor perdió ayer dos puntos.

Joni Montiel, un sorprendente debutante en Riazor

La Voz

Llegó a jugar en Primera, de la mano de Paco Jémez, con el Rayo en el Bernabéu y disputó diez partidos en élite antes de salir cedido al Fabril

Minuto 64. Fede Cartabia enfila al banquillo, tras ver su dorsal en el luminoso, y entra al terreno de juego de Riazor el madrileño Jonathan Montiel (1998). Un mediapunta, que puede perfilarse en banda, y que reforzaba al Fabril, como cedido, el pasado verano. Montiel se crió en la cantera del Rayo, en el que ya militó como juvenil y con el que llegó a debutar en Primera División.

No tuvo un estreno cualquiera en la élite. Fue el 20 de diciembre de 2015, frente al Real Madrid, en el estadio Santiago Bernabéu, a las ordenes de Paco Jémez. En ese momento tenía 17 años y 108 días. Disputó los últimos diez minutos de un partido que acabó en goleada histórica (10-2) para el equipo que entonces dirigía Rafa Benítez. Montiel, que jugaba entonces con el juvenil y entrenaba con el primer equipo, ya entrara en la convocatoria de Jémez días antes para el partido de Copa ante el Getafe. Entonces se quedó sin debutar. 

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