El colista también pesca en Riazor

Dépor y Nàstic empatan en un duelo que los coruñeses comenzaron ganando


Un punto más y momentáneas posiciones de ascenso directo para el Dépor, pero aires de derrota en Riazor, que se dividió entre silbidos y aplausos al final de un partido en el que sus futbolistas jugaron como una montaña rusa. Dominantes de inicio, aletargados luego, lanzados a continuación y sorprendidos como colofón. El empate final (1-1) contra el Nàstic dejó malas sensaciones de un equipo que parece haber perdido el aire a su estadio, donde ha empatado tres de sus cuatro partidos del 2019. Mala señal para un equipo que sabe de sobra que el ascenso directo se funda en el rendimiento como local.

El Dépor y el Nàstic se echaron la siesta hasta el descanso. Los visitantes salieron con el pijama y el osito, sin ninguna expectativa más que dejar hacer a un Dépor con poca chispa, mucha gente por detrás del balón y casi ninguna idea para zarandear a su adversario. El dominio inicial les dio un trébol de ocasiones, pero ni Borja Valle en un disparo desde la frontal, ni Quique a bocajarro y Cartabia con un disparo alto acertaron y el partido entró en un cuarto oscuro del que nadie lo sacó. Los coruñeses no dejaron de intentarlo, pero hasta Riazor perdió la paciencia con la parsimonia a veces y la precipitación en otras de sus jugadores.

A partir de ecuador del primer período, los centros de Saúl se convirtieron en su mejor recurso, pero el problema fue que no encontraron nunca a ningún deportivista en un área superpoblada de camisetas granas y con Christian Santos, su mejor rematador, en el banquillo. Le faltaron mimbres en ataque a un Dépor que dominó de cabo a rabo, pero volvió a los vestuarios convencido de que algo había que cambiar para llevarse los tres puntos al zurrón.

El Dépor recargó pilas y limpió la mente tras el descanso. Pisó con más decisión el área, empujó a su rival contra la portería de Marathón y casi a la primera acertó con el protagonismo casi único de Edu Expósito, autor de un golazo. El 21 blanquiazul recibió en el área, se la acomodó con la derecha, se giró y chutó con la izquierda para ponerla lejos del alcance de Bernabé. Su segundo gol liguero llegó después de una jugada de ataque magistralmente llevada por el exfabrilista, que volvió a destacarse desde la mediapunta, más adelantado de la posición de mediocentro en la que había deslumbrado en el filial.

La diana desató por fin al Dépor, pero ni Quique en un contragolpe, ni una doble ocasión de Cartabia y el propio pichichi llevaron el segundo tanto al marcador. Natxo González dio entrada al escurridizo Montiel por Cartabia para que el partido no decayese y el debutante, pegado a la derecha, dejó tarjeta de presentación con un buen centro de zurda al que Borja Valle no llegó por un suspiro. Tampoco acertó Christian Santos tras una carrera de Caballo, que acababa de salir y actuó como mediocentro, pero el Deportivo, de tanto atacar, se creyó invulnerable y, en la jugada siguiente, Luis Suárez, que entraba desde atrás, batió a placer a Dani Giménez y silenció Riazor.

El partido se disparó de área a área entonces, pues si el Dépor se creyó obligado al triunfo, el Nàstic olió sangre en un cuadro local tan sorprendido como aprado. Caballo marró la más clara para ganar, pero remató al larguero tras el centro de la muerte de Valle. Y en el contragolpe Pipa, quizá el mejor de los visitantes, chutó fuera tras recibir solo delante de Dani Giménez. El colista también pescó en Riazor.

El Dépor se teje su propia media inglesa

X. Fernández

Los meritorios triunfos a domicilio no se están viendo refrendados en Riazor ante rivales de menor entidad

«Seguimos sin perder», dijeron; y no hay frase más traicionera. Amago de optimismo esgrimido primero por el entrenador del Deportivo y después por el capitán del conjunto blanquiazul. Síntoma preocupante cuando la reflexión pretende servir de resumen a un encuentro en casa frente al colista. Natxo González y Álex Bergantiños coincidieron en el diagnóstico con solo unos minutos de diferencia, como si el coro partiera de un pacto de vestuario para quitar hierro verbal a un resultado doloroso que se suma a otro, el penúltimo, que no lo fue menos.

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