Vaivenes de hombre gol

TORRE DE MARATHÓN

Djurdjevic enfrenta su fenomenal racha anotadora a la sequía que acerca a Quique al banquillo

27 ene 2019 . Actualizado a las 15:38 h.

El jugador más caro de la categoría, el que elevó a los 2,3 millones la mayor inversión en un fichaje en la larga historia del Sporting, se hizo de rogar durante tres meses hasta estrenar su contador en Segunda. Mientras Djurdjevic se sometía a rodaje, eterno para la hinchada rojiblanca, el conjunto asturiano pasó por Riazor. Allí, su único punta no llegó a chutar a puerta, alejado del área, reemplazado por agotamiento en el minuto 72 tras un cuerpo a cuerpo por turnos con Duarte y Marí. Delantero y centrales volverán a medirse hoy; esta vez, con doble ventaja para el ariete serbio: la de jugar en casa y la de haber encontrado el camino a la red. El bagaje del 2018 en Liga se detuvo en aquella solitaria diana que certificó la victoria (2-1) frente al Tenerife; el del 2019 poco tiene que ver. No hay encuentro en que no marque, y ya van tres.

Resolvió un rebumbio en el área del Zaragoza, largó un fenomenal derechazo desde el balcón de la del Albacete, y realizó un control enorme para cerrar por ahora su cuenta, en la del Alcorcón. Una mutación repentina que ayer quiso explicar Natxo González al referirse al jugador más peligroso del próximo rival: «Muchas veces, al saber que eres la mayor inversión del equipo y un jugador joven tienes una responsabilidad añadida que ha podido pesar. No hay más que ver la soltura con la que está, la confianza que tiene. En estos casos siempre se necesita un proceso de adaptación, te recuerdan lo de la inversión y te metes en una espiral». «Lo pillamos en el momento más dulce de la temporada», apuntó el míster, en alusión al despertar anotador, de Djurjevic, coincidiendo con el apagón del pichichi blanquiazul.

Quique González lleva la trayectoria opuesta al punta serbio. Sin gol en enero y con uno solo, de penalti, en los últimos nueve encuentros en que ha participado. Aquel logrado desde los once metros a mediados de diciembre era el décimo en la cuenta del pucelano, que no se ha movido después. «Nos tiene mal acostumbrados al haber metido tanto de inicio, a que todo entraba», razonaba ayer su entrenador. «Es lo que tienen los delanteros», proseguía aludiendo al doble vaivén.