Clases de patria, por su autor, las lecciones de Fernando Aramburu a Christian Santos

El escritor enseñó al delantero en Alemania las costumbres y la lengua españolas en clases extraescolares


«‘‘¿Tú qué quieres ser de mayor?’’, me preguntaba. Y yo ya de aquellas respondía que iba a ser futbolista profesional. Entonces, él me decía: ‘‘Pues te vamos a preparar para que puedas hacer las entrevistas’’». No pudo haber encontrado Christian Santos mejor entrenador para el juego de preguntas y respuestas que aquel escritor que años después convertiría su Patria en el libro más leído del 2017. Mientras el futuro delantero del Deportivo pulía el castellano y aprendía la cultura y costumbres de su rama paterna, procedente de Ourense, su profesor daba forma al mundo imaginario de Antíbula, hacía girar la vida de El trompetista del Utopía, y adaptaba al público infantil las peripecias de Mariluz y del piojo Matías. El proyecto de futbolista coincidió en Lippstadt con Fernando Aramburu a tiempo para aprovecharse de las lecciones del maestro, quien acabaría abandonando la docencia para perseverar en su labor de autor.

Durante cinco años, desde que Santos cumplió los 11, el ariete asistió dos veces por semana a 45 minutos de clase de Lengua Materna en Español. «Mi papá notó que fuera de casa hablábamos en alemán y decidió mandarnos a estos cursos para que conociésemos las costumbres, no perdiésemos el manejo del idioma y supiésemos escribir. Mi hermana ya estaba yendo con la señora Nieves y yo entré cuando también llegó el señor Fernando». De apellido, Aramburu. «Él ya jugaba en los juveniles del SV Lippstadt y a veces faltaba a clase por causa de algún partido o entrenamiento. Su madre venía al colegio a disculparlo. No olvido que un día, en clase, nos mostró a todos cómo cabecear una pelota de papel con las que solíamos hacer un juego. Tendría por entonces 14 o 15 años. Lo último que supe de él es que entrenaba con el filial del Arminia Bielefeld. Eso ya eran palabras mayores», apunta acerca de aquella etapa el antiguo profesor.

El contacto se perdió y solo hace unos días el escritor supo por una foto en Internet que Christian había cumplido aquel sueño para el que, medio en broma, le ofreció ayuda en la preparación. «Debo confesar que uno, como maestro, siente un gran orgullo al comprobar, pasados los años, que alguno de sus antiguos alumnos sale adelante en la vida e incluso triunfa», admite Aramburu, todavía afincado en Alemania. Ya no en Lippstadt, sino en Hanover, a escasa distancia en cualquier caso del centro donde ambos coincidieron. «Éramos todos hijos de españoles que estaban trabajando en fábricas de la zona -detalla Santos-. Bueno, había un mexicano. Y yo, venezolano. No guardo relación con ninguno de ellos, solo alguna vez por Facebook. Recuerdo que uno era del Dépor y me hablaba del equipo». Fue el primer contacto del punta con su club actual.

«No sabía que era tan conocido»

«Al principio me costaba, porque lo veía como más horas de colegio -admite-. Pero hoy en día estoy muy agradecido de haber ido, porque me mostraba bastante de la historia española. Porque yo en las clases en Alemania no aprendía nada de dónde estaba Extremadura, Navarra o Galicia. Aprendimos bastante de cultura y costumbres». Tampoco el futbolista era consciente del éxito de quien tanto le enseñó sobre el país en el que ahora reside: «Yo sabía que era escritor cuando me daba clases. Nos había contado que escribía literatura, pero no tenía idea de que ahora era tan conocido».

«Nos animaba a expresarnos y era un buen profesor. Nos daba un papelito y teníamos que inventar un cuento. Nos ponía un cómic y teníamos que inventarnos qué pasaba y lo que decían», recuerda el ariete sobre aquellas clases de apoyo por si alguna vez le entrevistaban de mayor.

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